Y volvemos a las buenas costumbres del Dolce Far Niente, cada 4 post toca una historia de cine.
Hoy Pecenete nos habla de una de las pelis con más glamour de la historia del cine.
Tres películas tiene Hitchcock que brillan más que el sol: "Con la Muerte en los Talones", "La Ventana Indiscreta" y "Atrapa un Ladrón".
Si, lo reconozco: Soy un fan incondicional de Hitchcok. ¿Cómo no serlo cuando tu imaginación infantil fue alimentada a base de libros de "Los tres investigadores" y raciones de "Hitchcock presenta"?
Así que me resulta muy difícil hacer una terna de sus mejores películas. Sin duda cada fan tendrá su propia selección. Es posible, y hasta probable, que su selección se componga de títulos totalmente distintos a los que he mencionado. Ésta es simplemente mi preferencia. Si no les gusta, tengo otra: "La Soga", "Los Pájaros" y "Los 39 escalones". ¿Tampoco?. Podemos seguir: "Encadenados", "Crimen Perfecto", "Rebeca"... Y es que la filmografía de Hitchcok es extensa y brillante, como su propia calva.
Ya hemos hablado de "North by Northwest", ahora está claro que algún día lo haré de "La Ventana Indiscreta", pero hoy es el turno de "Atrapa un Ladrón".
Puede que esté considerada como una obra menor de Hitchcock. Un puro divertimento... o quizás un trabajo recaudatorio con el que conseguir crédito para posteriores caprichos. Quien sabe cual fue la verdadera motivación... ¡y que importa! Tal vez por ello "Atrapa un Ladrón" contenga todos los ingredientes necesarios para ser una película DFN: química entre una pareja protagonista de primera, lujo a raudales, amor, adorables villanos, humor e ironía.
Aquí no hay desgracias. Ni tan siquiera la explicación de los motivos que conducen a John Robie a convertirse en un ladrón contienen el más mínimo atisbo de un pasado triste ni arrepentimiento:
Tras el aura de superficialidad de "Atrapa un Ladrón" se esconde un inquietante mensaje para estos tiempos que corren. Los personajes que viven de manera desahogada y despreocupada lo hacen bien por herencia, bien por medios ilícitos.
Así que la podríamos clasificar como una película no apta para afectados por la crisis económica que nos rodea o que pasen por una crisis moral.
Si, por contra, careces de moral o, en su defecto, eres superficial, no tienes de que preocuparte. Podrás disfrutar plenamente de su poderoso arranque, donde Hitchcock nos recuerda que el CINE es un arte visual en su esencia y origen:
De su glamuroso picnic con vistas
Y de la cita en el mercado de las flores
A veces una simple película sirve de inspiración y detonante de un viaje, ya sea cruzar medio planeta hasta Nueva Zelanda para ver los paisajes de "El Señor de los Anillos", o ir a Tanger por culpa de "El Cielo Protector".
"Atrapa a un Ladrón" fue una de las causas de nuestro viaje a la Costa Azul. Aunque con objetivos muy distintos. Miss A buscaba zambullirse de glamour y pasear por los lujosos lugares de la costa donde la Kelly luce joyas, trapitos y palmito enamorando tanto a falsos reyes de la madera como a auténticos príncipes de Beckelar.
Yo, en cambio, estaba empeñado en encontrar el pueblo perdido de montaña donde vivía John Robie, presto a viajar para ello por sinuosas carreteras en el borde del precipicio como la que los protagonistas recorren a toda velocidad huyendo repetidamente de la policía.
Este conflicto de intereses solo podía terminar de una manera posible: en una tormenta de proporciones históricas. Y así fue: las nubes de una gota fría descargaron su furia sobre nosotros durante 3 días, hasta provocar inundaciones en toda la región.
Una vez más, Miss A y yo en estado puro: antagónicos y complementarios, formando un conjunto que es más que la suma de las partes. Pero no estamos aquí para hablar sobre nosotros, sino sobre la película. Quien quiera saber más cosas y cotilleos sobre ella, le recomiendo picar en este enlace.
"Desayuno con Diamantes" es, sin ningún genero de duda, la película favorita de Miss A. Y la película DFN por antonomasia. De hecho, si ella fuese la autora de esta sección, o yo un ser generoso y agradecido, ésta tendría que haber sido la primera entrada del nido. Por suerte el mundo es imperfecto y por ende impredecible y divertido.
Me atrevería a decir sin embargo que no siempre fue así (Miss A, quiero decir. El mundo siempre ha sido impredecible). De pequeña Miss A se inclinaba más por "Lo Que El Viento Se Llevo" y la temperamental y caprichosa Scarlet. Un comprensible pecado de juventud, ya que "Desayuno con Diamantes" necesita una mirada adulta para entender y degustar la historia en toda su extensión.
"Desayuno con Diamantes" fue la primera película en DVD que Miss A y yo tuvimos. Recuerdo que se la regalé unas navidades de hace ya un tiempo. Mucho tiempo. De cuando suplíamos con imaginación las carencias de nuestro bolsillo. Ni tan siquiera teníamos reproductor de DVD, así que no dejaba de resultar un regalo inútil y snob. Tal y como deberían ser todos los regalos, por otra parte. Daba igual. Miss A se la sabía ya de memoria.
Llegados a este punto, aquellos lectores y lectoras que no hayan visto la película deberían de rezar tres padrenuestros y dos avemarias como penitencia antes de seguir leyendo y, además, prometer que la verán antes de que trascurran 24 horas bajo pena de excomunión del blog en el caso de incumplir su voto.
Y si aún el hecho de que "Desayuno con Diamantes" sea la película favorita de Miss A no es motivo suficiente para animarse a verla, he aquí 10 razones a modo de mandamientos para convertir a las ovejas descarriadas
1. Amarás a Audrey sobre todas las cosas.
La sola presencia de Audrey debería ser motivo suficiente, sin necesidad de decir más. Puede que no fuese la mejor actriz de su época, pero eso no le impidió interpretar eficazmente personajes adorables de los que todos nos enamoramos, ya fuera una princesa, una monja, una vendedora de flores o una ladrona.
Y es que Audrey ha sido un rara avis del star system. En un firmamento de estrellas dominado por rubias que podían ser cualquier cosa, desde neumáticas y tontorronas (como Marilyn) a estrictas y recatadas (como cada uno de los fetiches de Hitchcock), las morenas solo podían ser exuberantes (Jane Russell), exóticas (Sophia Loren) o femme fatales (Ava Gadner). Sorprendentemente Audrey se coló e instaló entre ellas simplemente con la elegancia y la delgadez por bandera. Una elegancia que parecía emanar de su persona, no de los trajes de Givenchy que la solían cubrir.
Imagino que todo el mundo lo sabe, pero por si todavía hay algún despistad@: esa imagen de Audrey con vestido negro de fiesta, moño, collar de perlas y boquilla de cigarro kilométrica que tantas veces y de tantas maneras hemos visto reproducida, proviene de esta película.
Pero que nadie se lleve a engaño. No es precisamente este película donde Audrey luce la mayor cantidad de modelitos. Aquí es más una cuestión de glamour. Nunca nadie ha lucido tanto palmito para comerse un bollo danés... aunque Miss A jure y perjure que es un croissant
... ni tampoco se ha puesto antifaz y tapones más barrocos para dormir
Por mucho que escribiese de Audrey, a Miss A siempre le parecerá poco. Y es que si George Kaplan/Cary Grant es mi alter-ego, Miss Holly/Audrey Hepburn lo es de Miss A. Nuestro salón está lleno de libros y revistas sobre Audrey.
2. No mencionarás el nombre de Truman Capote en vano.
La película se basa en una novela homónima de Truman Capote (en su título original en inglés: "Breakfast at Tiffany's"). Lo fascinante es que las dos merecen la pena.
La novela es más ácida, amarga y nostálgica. Posiblemente más real. Como no podía ser de otro modo, carece del típico "Happy End". Un mal inevitable en las producciones cinematográficas de la época, pero muy agradecido en las tardes lluviosas y/o melancólicas del fin de semana. Aunque, seamos sinceros, esos finales resultan forzados, predecibles y ñoños.
Pero, como ya he dicho, no voy a caer en el tópico de que es peor la película. Tiene también algunos elementos propios diferentes al libro que explicaré a lo largo del post. Y la esencia de la novela de Truman Capote está perfectamente recogida.
La esencia es Holly Golightly. Truman Capote creó una protagonista llena de defectos pero de la que es imposible no enamorarse (especialmente si adquiere la forma de Audrey). Ciclotímica, snob, manipuladora y sin escrúpulos, se dedica a disparar afirmaciones recubiertas de frivolidad pero cargadas de sarcasmo. Por ejemplo:
"Jamás me acostumbraré a nada. Acostumbrarse es como estar muerto"
"Para que un hombre me excite tiene que haber cumplido los cuarenta y dos"
"Llevar diamantes sin haber cumplido los cuarenta es una horterada"
"Con buena voluntad se puede querer a cualquiera"
"Me falta el suficiente grado de complejo de inferioridad para ser una estrella de cine"
"¿Te importaría abrir ese cajón y darme mi bolso? Para leer esta clase de cartas hay que llevar los labios pintados"
Pero Holly es también un ser salvaje, lleno de autenticidad, de glamour y de la fragilidad de los perdedores. Salvaje, no en su acepción de vándalo o descontrolado, sino en la de ser un espíritu libre, indómito y errante, sin dueño. Como dice Truman Capote en boca de Holly:
"no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen".
El alter-ego de Holly es su gato, y la relación entre ambos sirve para ilustrar sus principios. Y también para regalarnos una magnífica escena final, ya sea con o sin final feliz:
Basta con ver esta escena para entender mejor a Miss A y el triangulo que formábamos ella, nuestra añorada gatita y yo.
3. Santificarás las fiestas
¿A quien le amarga una fiesta, con tal de que no sea ni en tu casa ni en la de ese vecino con quien te llevas mal? Una de las escenas de "Desayuno con Diamantes" es una glamurosa y divertida fiesta en casa de Miss Holly. La película consigue reflejar con maestría a esos claustrofóbicos saraos caseros donde es imposible encontrar hielo, un vaso limpio o un lugar donde dejar tu abrigo... y es que hay cosas es que no cambiarán nunca.
Y se ve que a Blake Edwards le gustó la experiencia de narrar una fiesta, así que años más tarde decidió hacerlo a lo grande en "El Guateque".
4. Honrarás a Mancini y Black Edwars
Es cierto que juntos colaboraron en algunos títulos infames en el ocaso de sus carreras, como "La Mujer 10", "Cita a Ciegas" o alguna secuela de la Pantera Rosa. Pero es que hasta el mejor maestro echa un borrón. Eso no puede eclipsar que sean además los responsables de "El Guateque", "Días de vino y rosas", "Victor o Victoria" y "La Pantera Rosa". Y demuestra que "Desayuno con Diamantes" no fue una casualidad, el fruto del capricho de una musa juguetona. Y aunque lo hubiera sido. La sola autoría de "Desayuno con Diamantes" o de cualquier de los títulos antes mencionados les perdonan automáticamente de aquellos pecados cinematográficos que antes o después pudieran haber cometido.
Ya quisieran muchos directores o compositores haber estampado su firma en tan solo uno de esos títulos. Así que tienen mi perdón eterno por cuadriplicado.
5. No matarás por no vivir en Nueva York
Si amas esa ciudad, no puedes dejar de ver la película, porque refleja perfectamente su espíritu y el de sus habitantes. Lujo y poder mezclados con personajes que intentan abrirse un hueco hacia la cumbre en una ciudad despiadada que nunca duerme.
Cada vez que vayas a Nueva York, peregrinarás a la esquina de la Quinta avenida con la 57. Lo harás de madrugada, con la esperanza de que en cualquier momento llegue un taxi solitario del que se baje una misteriosa y atrayente mujer, tal y como ocurre en el arranque de la película
Aunque eso nunca llegue a ocurrir, al menos tendrás la oportunidad de que Tiffany's te inspire la misma paz que a Miss Holly. A cualquier otra hora del día será imposible. Las hordas de turistas haciendo cola en la puerta de Abercrombie, que resulta estar en diagonal cruzando la avenida, te sacarán de tu momento de trance.
Es curioso. La novela no empieza de una manera tan poderosa. Es más, esta escena ni siquiera ocurre como tal, si bien Ms. Holly en la novela la hace perfectamente posible:
"He comprobado que lo que mejor me sienta es tomar un taxi e ir a Tiffany's. Me calma de golpe ese silencio, esa atmósfera tan arrogante".
Fuera quien fuese quien concibió ese arranque, acertó de pleno. Esta sencilla pero impactante escena nos dice muchas cosas sobre la ciudad (insomne y llena de contrastes) y sobre el personaje (amante de fiestas a la par que melancólica, ambiciosa) sin apenas acción y sin mediar una sola palabra. Así es el CINE.
Puede que sea coincidencia. O tal vez no. Tanto "North by Northwest" como "Desayuno con Diamantes" se desarrollan parcial, o en su totalidad, en Nueva York. A nadie le debe de extrañar por tanto la fascinación que esta ciudad ejerce sobre Miss A y sobre mi.
6. No cometerás actos impuros.
Nunca una prostituta y un gigoló fueron más castos, pero no importa. Hoy en día sería casi imposible una historia como ésta sin sábanas húmedas, como tampoco una película de terror sin sangre.
Es lo que tiene el cine de aquellos años. La época dorada del cine y la censura. Censura por triplicado: la oficial, la auto-censura de los estudios y la impuesta por las estrellas.
El hambre de contar una historia sorteando la censura siempre agudizó el ingenio y nos ha regalado grandes metáforas y mascaradas a lo largo de la historia del cine. Y no solo en la del cine, ni solo en el pasado. ¿Acaso no se subastan hoy en día bolígrafos en ebay con los que se regala un par de entradas para algún evento de moda? El ingenio humano, al igual que su estupidez, no tiene límites.
En "Desayuno con Diamantes" las visitas al tocador de Miss Holly son premiadas con 50 dolares, al igual que en la novela. Esos baños debían de estar como los chorros del oro.
Lo que sin embargo no ocurre en la novela es que Paul sea un gigoló. Es una curiosa vuelta de tuerca de la película que sitúa a ambos personajes en un mismo nivel moral.
7. No robarás
¿Quién no ha robado alguna vez una manta en un avión, unos botes de gel en el hotel o un cubierto de diseño en un restaurante? Miss Holly nos demuestra que la cleptomanía tampoco está reñida con el glamour, a pesar de que la ficha policial de Winona Rider nos quiera demostrar lo contrario. Lo importante es que no te pillen. Glamour. Cuarta vez que menciono esta palabra en el post.
No es casualidad que la careta que roba Holly sea un gato y la de Paul un perro (otro detalle que no se especifica en el libro). Y es que casi nada en el CINE pasa por casualidad.
8. No levantarás falsos testimonios ni mentiras
No digas que Audrey Hepburn era una gran cantante. Tal vez habría necesitado serlo para ganar un oscar por My Fair Lady, pero desde luego no le hizo falta para dejar para la eternidad la mejor interpretación de Moon River
Otra de las geniales traslaciones de la novela al celuloide:
"Además tenía un gato y tocaba la guitarra. Los días de mucho sol se lavaba el pelo y, junto con el gato, un rojizo macho atigrado, se sentaba en la escalera de incendios y rasgaba la guitarra mientras se le secaba el pelo."
No digas tampoco que Anibal del Equipo A nunca hizo una buena película. George Peppard llegó a estar en la cumbre con "Desayuno con Diamantes". Pero decidió despeñarse por un precipicio llamado alcohol y drogas. Por desgracia para la memoria de su carrera no desapareció de manera trágica y fulminante sin dejar rastro, sino que fue rebotando de roca en roca. Y en su lento descenso a los infiernos, se dedicó a dilapidar el prestigio de los días de gloria en infames producciones televisivas. Si, ya sé que suena cruel y frívolo, pero no por ello deja de ser cierto.
9. No consentirás pensamientos impuros (el mandamiento antes conocido como "No desearas a la mujer del prójimo").
Aún a riesgo de que Miss A me arranque las uñas de los dedos por mencionar semejante sacrilegio por escrito, no puedo dejar de recordar que, sorprendemente, la primera opción para protagonizar la película fue Shirley Mclain. Y Truman Capote pensaba en Marylin Monroe cuando escribió el personaje.
En el lado de lo que debió ser y no nunca fue tenemos al protagonista masculino. A Paul Newman le ofrecieron el papel de Paul Varjack antes que a George Peppard, pero lo rechazó. Y nos privó así para siempre de una pareja protagonista de ensueño. No sé si perdonarle.
10. No codiciarás los bienes ajenos.
Porque a falta de dinero, buenos son el glamour y la gracia de lucir palmito. Ah, y el sentimentalismo para los regalos. Claro, que el palmito de la Hepburn y los vestidos de Givenchy ayudan, para que nos vamos a engañar.
Bajo esa premisa, la película nos regala otra de sus memorables escenas. Y que tampoco existe en el libro, por cierto.
Y aquí termina esta entrada que nunca debió ser tan larga. Todos estos mandamientos se resumen en dos: amarás "Desayuno con Diamantes" sobre todas las películas y a Audrey Hepburn como a ti mismo.
Si no has tenido suficiente y quieres saber más sobre la película, o que te la cuenten de pé a pá, aquí tienes un enlace.
ANEXO: Sólo agradecer a Pecenete este bellísimo post y su amor y recordar que estamos de SÚPER SORTEO en el Dolce Far Niente, UN CAMBIO DE LOOK EN NAVARRO ESTILISTA: AQUÍ Podeis participar hasta el viernes 7 de junio dejando vuestro comentario. ¡¡GRACIAS!!
Dicen que el criminal siempre vuelve a la escena del crimen. Que le gusta rememorar su delito y comprobar el impacto de su fechoría. O, al menos, ésta es una de las máximas que el cine policiaco se ha empeñado en enseñarnos. Y no seré yo quien la contravenga. Así que no me queda otra alternativa que volver a invadir este blog... aunque sea de manera temporal y pacífica, para garantizar la seguridad y el bienestar de sus habitantes, podría añadir. Claro, que entonces podría sentir la tentación de dar rienda suelta a una desconocida ambición invasiva al punto de llegar a competir con los villanos mas grandes de la historia. ¡Tiembla Polonia!
Fotograma de "El Gran Dictador" de Charles Chaplin
Pero no. No nos vayamos por las ramas. Aunque no lo parezca, han pasado muchos meses desde que escribí mi primer post. Así que es más fácil que España recupere Gibraltar antes de que yo invada Dolce Far Niente. Volvamos al cine y a mi primera entrada sobre una película concreta. Y que solo podía ser sobre mi película talismán.
Porque todos tenemos una película talismán. Yo incluso tengo varias. Pero "North by Northwest" destaca entre todas ellas. Quien no tenga una película talismán, o es muy joven, o no ha visto nunca CINE. O la tiene, pero no lo sabe. Como algunos políticos, que son unos corruptos pero ellos, pobres, no lo saben.
Una película talismán suele quedar grabada en tu retina y en tu memoria de manera indeleble. Generalmente eso ocurre en tu infancia o juventud, cuando eres más inocente y receptivo. La mía, sin duda alguna, tendría que haber sido "La Guerra de las Galaxias", pero mis padres tuvieron la infeliz idea de llevarme a ver "Superman" como premio consolación por considerar "La Guerra de las Galaxias" no adecuada para mi tierna edad. Nunca se lo perdonaré. Por suerte sólo consiguieron que a partir de entonces tuviese una especial aversión a cualquier tipo de rizo frontal, ya fuera el de Cristopher Reeve, el de Antonio Molina o el de Betty Boop. Pero podrían haber causado un daño irreparable en mi sentido del gusto cinematográfico en particular, y del estético en general. Solo Dios (y Miss A) saben si tal trauma no existe en realidad en lo más profundo de mi ser.
Y es que una película talismán no tiene porque ser buena. Pero si lo es, mejor. Al menos te ahorras un momento de bochorno y escarnio delante de tus amistades, en el hipotético caso de tener que dar explicaciones. Porque tu película talisman suele revelar y explicar muchas cosas sobre ti, ya sean manías, avatares, claves de ordenador, aspiraciones emocionales y físicas o el nombre de tus hijos.
"North by Northwest" se grabó en mi subconsciente mucho antes si quiera de que hubiese visto la película, gracias al fotograma de Cary Grant escapando de la avioneta. Fue un amor a primera vista. No sé donde ocurrió. Habría jurado que formaba parte de la cabacera de alguno de los programas de cine de finales de los 70 o princicipios de los 80, como Sesión de Noche o Sábado Cine. Pero después de mucho buscar por internet, ya no estoy seguro. Tal vez fuese en algún libro que estaba por casa.
Sea donde fuere, siempre me intrigó y me atrajo aquel hombre asediado e indefenso. Parecía una pesadilla. Y también una paradoja, aunque entonces yo no conociese todavía la existencia de la palabra (ni de las paradojas). Había algo que no encajaba en aquella escena. Tal vez fuese la desigual pelea... O que Cary Grant no lucía un uniforme militar. ¿Qué demonios era aquella aberración? En mi pequeño mundo de entonces, los aviones atacaban solo en las películas de guerra. Y además siempre lo hacían a otros objetos, ya fueran barcos, tanques o edificios.
Pero también parecía un reto. Una situación límite de la que sólo Cary Grant podía salir intacto con apenas unas motas de polvo en la solapa de su traje de impecable corte.
Después, el destino ha querido que "North by Northwest" me persiga a lo largo de mi vida y del mundo con la misma persistencia que Vandamme perseguía a Mr. Kaplan. He visto la película en incontables ocasiones y lugares. Conozco la historia y los diálogos prácticamente de memoria. No importa. Nunca me cansaré de verla. La película posee algunas de las escenas más famosas del cine. Nunca dejaré de sonreir con la escena de la subasta...
... de sentir angustia al ser fumigado por la avioneta...
... ni de sentir vertigo al verlos huir por el Monte Rushmore.
Y, sobretodo, jamás cuestionaré la verosimilitud de su trama.
Me limitaré simplemente a querer ser yo a quien confunden con George Kaplan en la recepción del Hotel Plaza para así vivir tan trepidante aventura.
Querré tener la desfachatez, seguridad e ingenuidad de Roger O. Thornhill, capaz de creer que su encanto personal es el único motivo que puede empujar a una desconocida rubia como Miss. Kendall a ayudarle de manera desinteresada.
Porque "North by Nortwest" es una de la obras cumbre del heroe anónimo y accidental, algo muy de moda en el cine moderno. Te hace sentir que vivimos en el filo. Que nuestra ordinaria vida puede convertirse en extraordinaria en cualquier momento, sin necesidad de participar en un reality show, y convertirse en una trepidante aventura en la que tendremos que dar y demostrar lo mejor de nosotros.
Recomiendo leer el siguiente enlace, lleno de anéctodas del rodaje y de la gestación de la película.
Aprendí a querer de manera adulta e incondicional "North by Northwest" cuando viviamos en Estambul. Una recien nacida TCM la emitía de manera convulsiva a todas horas en versión original. A Miss A y a mi nos sirvió de eficaz evasión y refugio. Entonces dejó de ser "Con la muerte en los talones" y se convirtió para siempre en "North by Northwest".
En una ocasión nos encontramos en un perdido hotel rural de Santander. Nuestra habitación disponía de una de esas rarezas que solo vemos en las enciclopedias. Un eslabón perdido de la cadena evolutiva tecnológica: el laser disc. Y junto con el reproductor, dos deslumbrantes discos del tamaño de un clásico LP de vinilo, pero metálicos, lujosamente empaquetados y que guardaban en sus surcos ópticos una copia de la película que nos ocupa.
Curiosamente no recuerdo cuando fue la primera vez que la ví. Pero si la última. Fue hace unos pocos días, una noche entre semana. Por desgracia me quedé placidamente dormido a mitad de película. Para cuando me desperté, Roger Thornill y la señorita Kendall estaban descendiendo ya por el monte Rushmore. Pero, a pesar del peligro, juraría que Cary Grant encontró el momento de dirigirme un gesto de camaradería y perdón.
Porque Cary y yo tenemos un pacto. Yo perdono a mi alter-ego cinematográfico que abandonara el cine para vender cosméticos. Él, a cambio, me deja dar una cabezada cuando veo sus películas si estoy cansado.
No puedo evitar acordarme de "El Resplandor"
mientras escribo y re-escribo una y otra vez el título de mi debut
"bloggero" y me pregunto a mi mismo ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Qué extraña locura me ha llevado a aceptar el reto de Miss A de participar en su
blog?
Por suerte para las puertas de nuestra casa (y desgracia de
carpinteros en crisis), esta incursión cibernética pretende terminar de manera
más apacible que "El Resplandor". No parece que la secreta devoción de Miss A por Jack Nicholson (tan intensa según ella como su pública devoción por Jack Sparrow) llegue hasta el
punto de querer verse interpretando el papel de Shelley Duvall.
Pero volvamos al asunto que nos ocupa. ¿Cómo he llegado hasta
aquí? Pues... pues diría que por la pereza de Miss A de no publicar más que una entrada semanal y la envidia de quien suscribe estas
palabras. Todo eso concentrado en una única pregunta-trampa que Miss A me deslizó en una conversación cualquiera "¿Por qué no escribes algo en el blog?" y a la que yo di mi habitual respuesta gallega:"ni sí ni no sino todo lo contrario"¿y de qué escribo?"... Y aquí estamos.
Una advertencia antes de seguir. Que nadie espere en mis palabras su frescura y exuberancia. Allá
donde ella es pura espontaneidad, yo soy pura premeditación. Tanta, que solo me falta algo
de alevosía para poder ser el perfecto criminal. Si fuéramos un poco más
avariciosos, podríamos intentar abarcar los restantes pecados capitales con
la esperanza de que un apuesto agente de policía - Brad Pitt - viniese a investigar
nuestros 7 pecados. Seguro que Miss A estaría encantada de que nos ayudase con la lujuria. Pero nos puede la soberbia.
Creo que a estas alturas no hace falta que aclare de qué pretendo hablar. No hay que ser un hacha para
adivinar que pretendo escribir sobre cine. Mejor dicho, sobre CINE, con
mayúsculas. Las mayúsculas no son por mis conocimientos de cine o la
profundidad de mis palabras. Que nadie espere un sesudo análisis de fotografía,
guión o interpretaciones. Eso se lo dejamos a los expertos, que seguro que hay
muchos por esos blogs de dios. Yo sólo soy un espectador.
Las mayúsculas se refieren a que hablaremos de grandes películas, de películas "DFN" (Dolce Far Niente, quiero decir). Hubo un tiempo en que uno no era "cool" si no
tenía un acrónimo.
¿Y qué es una película DFN? A pesar de lo que mis primeras referencias cinematográficas puedan haber sugerido, una película DFN tiene poco terror y mucho glamour... y muchas estrellas. Más estrellas que en cielo.
Si le preguntásemos a Miss A, ella diría que en una película DFN el amor y el lujo son imprescindibles y necesarios... pero en este punto no estamos muy de acuerdo. Yo opino que se puede ser la reina de África sin necesidad de un yate de 15 metros de eslora. No pasa nada. A Miss A y a mi nos encanta estar en desacuerdo. Siempre nos quedará Paris.
En lo que si estamos de acuerdo es que una película DFN tiene que ser un clásico. Porque para estar llena de glamour, saber estar, ironía y lujo, no se puede tener menos de 40 años, ya seas película, mujer u hombre, salvo contadas excepciones.
Una
película DFN empieza siempre de la misma manera...
bueno, también así (cuando la breve y minimalista Fox era la gloriosa y barroca Twenty Century Fox)
o... ¡así!:
Aunque he de reconocer que tanto la MGM como la Twenty Century Fox ejercían una fascinación especial en mí cuando era pequeño.
Sigamos. Una película DFN se ve en momentos de pereza y ocio infinitos. Aquí me surge una duda transcendental que no he resuelto todavía: ¿es la pereza la que me induce a ver una película DFN, o son dichas películas las que me generan una gozosa pereza? En realidad me da lo mismo: el orden de factores no altera el producto.
Ver una película DFN me sube siempre a una nube de la que no quiero bajar. ¡Que digo ver! Una película DFN no se ve, se disfruta. Sí, se disfruta, con todos los sentidos, no solo la vista, también el gusto, olfato... tacto (si estás en la correcta compañía) y hasta con el sexto sentido: el sentido de la estética.
Para quienes crecimos viendo películas de Tarzán cada sábado en Sesión de Tarde, el momento por excelencia para una ver una película DFN es la hora de la siesta de una tarde de fin de semana invernal, con un poco de lluvia golpeando en la ventana y una taza de chocolate
caliente entre las manos. Ocasión perfecta para acurrucarse en el sofá y coger el
mando de la televisión... de la televisión de tubo, por supuesto. De las de toda la vida, quiero decir, de esas que son más profundas que anchas.
Porque ver un clásico del cine sin sus dos buenas bandas negras, esas
que ocupan casi toda la pantalla y hacen que King-Kong derribando aviones parezca el mono Amedio cazando mosquitos, no es lo mismo. Sería como escuchar el "Satisfaction" de los "Rolling" sin el chisporroteo del vinilo.
Un clásico del cine no se puede ver en una flamante pantalla
plana led/plasma de 50 pulgadas, panorámica, 3D, dolby surround, HD, Color
Enhancer Pro y demás funciones de una lista interminable que cubría todo el televisor cuando lo compraste. Pero que, a la hora de la verdad,
hace que "Historias de Filadelfia" parezca el vulgar vídeo de una boda cualquiera.
Lo siento por aquellos que se hayan deshecho ya de su viejo
televisor. Que no cunda el pánico. Mis entradas serán muy espaciadas. Así que antes de que publique mi próxima entrada (que será sobre la película DFN por antonomasia), todavía estáis a tiempo de rescatar el viejo televisor de la
casa del pueblo donde seguro lo abandonasteis.