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viernes, 11 de mayo de 2012

Nikki Beach. St. Tropez. Francia


Y después de unos días sin publicar para no agobiar al personal y después de días de estudio y ensayos cuyo fin ha sido una divertidísima función de "Love That Jazz", hoy me apetece publicar algo súper petardo que me llena de fantásticos recuerdos. ¡¡Vive La France!! ;-)


El Nikki Club o Nikki Beach de St. Tropez, no es un hallazgo casual.
Mi amigo facebookero Julien Mariani, nacido en Cannes, me dijo que no podía perderme una tarde noche aquí.
Hay varios Nikki Club por el mundo, yo sólo tengo el placer de conocer el de St. Tropez.
Y desde luego, es uno de los sitios más originales que he visto.
Yo lo definiría como el verdadero templo para la Dolce Far Niente en plena Côte d'Azur, lujuria, lujo y exclusividad.
En el Nikki encontramos arena, mar, playa, piscinas, alcohol, moda, belleza y me da que todo tipo de drogas duras y blandas existentes.  Yo desde luego me di a mis drogas favoritas confensables: champagne y chocolate.

Se accede en coche, un caminito de arena con diferentes clubs y restaurantes de moda, discretamente camuflados por enrejados cubiertos de plantas y telas.
Entrando en el Club ya hueles exclusvidad, mmmmmm uno de los lujos mejor entendidos.
Te dan la bienvenida chic@s monisím@s, unas toallas enormes y unas hamacas tipo cama mesitas con sofá, depende de donde quieras estar. Nosotros cogimos mesa y sofá y un par de hamacas con sombrilla gigante, dispuestos a pasarnos allí todo el día haciendo nada más que charlar y observando como es posible a veces parar el tiempo.



Es ideal dejarse mimar por el sonido de la música, el airecito moviendo las ramas de las palmeras, sentir el olor a mar y arena, temperatura ideal de septiembre.
No había mucha gente, puedo imaginar que en pleno verano y fin de semana, no será ni tan exclusivo ni tan relajante, aunque como parte del encanto de este club es ver y dejarse ver, el verano debe de ser una auténtica pasarela. De hecho, hay desfiles de moda constantemente. Modelos paseando alrededor de una piscina turquesa plagada de "playboys" con copa en una mano y Rolex en la otra.


En el Nikki Club puedes ver a Giorgio Armani, Kate Moss, Carolina de Mónaco, Andrea Casiraghi con su pandillita mega divine...  Y tambien a muchos anónimos con clase que te bajan al mundo de la realidad empaquetada de algodones blancos y burbujas.

Pedir un vinito frío rosado, con burbijitas, muy suave, es obligado y peligroso, y te das cuenta de su verdadero efecto cuando te levantas la primera vez a hacer pipí. Como es imprescindible ir con chancletas de marca o unos zuecos con plataforma, hay que tener cuidado al caminar, entre la arena y el vinito podemos terminar cayendo de bruces en algún grupo de dioses y ninfas. No pasa nada, el Dios Baco es el padrino de este Club, sonrisas y posible intercambio de móviles darán por terminado el sofocón.


El apartado musical corre a cargo de DJ's que se suponen de fama mundial pero que yo no conozco, así que solo puedo decir que la música es muy buena e invita a concentrarse en casi todos los pecados capitales.
En el medio de hamacas y mesas hay una barra en la que se pueden pedir todo tipo de cocktails. Cada rato pasan preguntando si se necesita algo, así que las atenciones son de 10.
Comimos en el sofá y la mesita, el restaurante estaba overbooking, así que reservamos para el día siguiente.


Tanto los pequeños platitos, snacks, sandwiches, ensaladas, sushi y platos de frutas que sirven en la zona chill out como la carta del restaurane son de extrema calidad. Carnes y pescados al carbón, a la parrilla, ensaladas deliciosas, pizzas... todo con una cuidada presentación.
Hay que seguir tomando vinito rosado en la comida.
Los postres de pecado como es lo normal en un sitio destinado a pecar.

La zona de restaurante no es tan chic como el chill out pero se deja querer, cuidados detalles, elegancia rústica se podría decir.
El servicio es lento, son pesados, no sé si por norma de la casa para que te animes a beber o por desbordamiento del personal ante tantos comensales, sea como fuera, es lento, perooooo... ¿alguien tiene prisa cuando se trata de perder el tiempo? Si hay hambre, como era mi caso, lo ideal es pedir algún aperitivo en la barra y luego ir al restaurante a comer.


Y después de comer, siesta en las hamacas, ¿no?
El ambiente nocturno del Nikki Club no lo viví pero lo imagino. Sin duda es uno de los sitios a los que volveré en fechas cercanas.
Toda la Côte d'Azur me emocionó aunque mi favorito es Cannes y un must St. Tropez. Mónaco perfectamente prescindible excepto si uno tiene la suerte de estar durante el Master de tenis, espero que algún día el cielo me bendiga con semejante regalo.
En el Nikki Beach de St. Tropez los pecados capitales se convierten en veniales y con perdón de Dios, todos tenemos derecho a regalarnos los sentidos con bellezas y bienestar, quien considere que no, tiene problemas, remito a estas personas a un psicólogo y a la lectura de mi entrada en este blog: Mi Dulce Far Niente.

Miss A