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martes, 19 de febrero de 2013

La gran muralla y el té. Beijing.


Hola querid@s. ¿Qué tal todo?
Hoy nos enfrentamos a un post mitad anécdota y por tanto poco productivo, mitad perfecto y aleccionador, gracias a mi amiga Alicia Ocha.

Vamos a hablar de tés :-) Bueno, Alicia; yo hablaré de mi viaje a Pekín/Beijing

Beijing es tan grande, tan hermoso, diferente y lleno de cosas que es imposible.
Reduciré esto al viaje y a 4 cosas que me llamaron mucho la atención :-) Así no nos cansamos demasiado... 

A por un té, un batido o una manzana, empezamos...


Nuestro viaje a Pekín fue por casualidad. Un día de un año de estos, Jorge tuvo que ir a hacer un curso de una semana a China, era una buena oportunidad de conocer otro país, una cultura emocionante y desde luego, teníamos muchas ganas de la aventura...
Decidimos ir el finde anterior al curso (de lunes a jueves) y quedarnos el finde después para que Jorge pudiera también disfrutar de la capital.

Preparamos el viaje con varios meses, unos 4, de antelación: avión con escala en París, hotel... En noviembre sería el viaje. 
Hete aquí que corría el año 2001... y llegó el mes de septiembre... y creo que no hace falta que diga más que esto: NYC, aviones, torres gemelas, 11-S... HORROR.

Yo tengo pavor a volar, del todo, lo paso muy mal, pero me sobrepongo porque me encanta viajar y conocer sitios fantásticos y lo que sea. Pero ese 11-S mi miedo se convirtió en pavor, fobia y casi obsesión.
Me negué a ir a China... 

Después de que se me pasara la pataleta... decidí que sería una oportunidad pero... imposible ir 16 horas en avión sin que se me pusiera el pelo verde de miedo.
Fui a mi médico bla bla... me dijo: toma MEDIA pastillita de estas, media hora antes de coger el avión..
Todo bien, la cosa es que yo cogía avión Madrid-París, París- Beijing con escaso tiempo para cambiar de un avión a otro...


Me tomé la media pastillita... Jamás antes me había tomado nada de nada para calmarme, ni anti depre, ni para dormir, ni para nada de nada... como no sabía si me haría efecto o no, ya en el avión me tomé la otra media... 

Estas son chulísimas :-) 

No recuerdo nada de nada desde que tomé el avión hasta que llegué a Beijing... Bueno sí, retazos de nada... Vuelo, comida, transbordo, paseos por el aeropuerto de París, montarme de nuevo, película... y 14 horas de vuelo... Paso a relatar, más o menos, lo que recuerdo y sobre todo, lo que me ha contado Jorge...  (Esto no es nada Dolce Far Niente pero es la primera anécdota que os cuento sobre mis viajes, en todos los viajes nos pasan cosas curiosas... como para hacer otro blog) :-)

Mi primer recuerdo es algo en los pasillos de transbordo... Parece, por lo que me dice Jorge... que iba tan lenta y a mi bola, drogada y feliz... que nos perdimos... estábamos sin tiempo y Jorge trataba de encontrar a la azafata que nos indicaba el camino (el aeropuerto Charles de Gaulle es complicado...) estábamos completamente perdidos... y yo en mi mundo... (no lo recuerdo, por otra parte) 
Parece que Jorge vio a un chino... y le siguió. Me cogió medio a rastras, tiraba de un trolley, del neceser, de mi bolso y de su maletín... y de mi... "corriendo" por los pasillos del glamuroso aeropuerto...


Lo siguiente que recuerdo es: una peli "vista" en la pantallita individual de mi asiento...  Ruido, música horrorosa, ecos... La peli era "Moulin Rouge!"


Me pareció una peli mala, mala, de locos, ruidosa... Era como ver retazos de pinturas llenas de psicodelia...  como ver los bocetos de pintura de un artista abstracto... 
Ahora sé que la psicodelia estaba en mi cabeza... aunque la peli es de locos, por otra parte, y mala... mala.   

No recuerdo nada más de las 14 horas de vuelo hasta coger un taxi ya en Beijing... y yo diciéndole a Jorge... "voy a vomitar, dame algo porque voy a vomitar"... 
...parece que me había llevado puesta la mantita de Air France, se ve que ni de eso me enteré, así que Jorge me la puso debajo al mismo tiempo que yo vomitaba todo... hasta la papilla del día de mi bautizo... El taxista horrorizado se percató y paró como pudo pero... no había solución ya... no voy a comentar el resultado...


De ahí al hotel, Swissotel Beijing (5 estrellas gran lujo...) llegar a la recepción y en 30 segundos... me dio tiempo a salir corriendo a los baños, por pura intuición, de la recepción y seguir con el numerito... En fin... pobre baño de hotel 5 estrellas gran lujo...

Lo siguiente que recuerdo es levantarme, sola en la habitación, todo colocado, asomarme a la ventana, ver las calles y no saber que hacer...
Al ratito llegó Jorge... Había estado 24 horas seguidas dormida... TODO EL SÁBADO ENTERO DORMIDA... 

Bajamos a desayunar y ya todo fue normal...


Fue mi primera experiencia con las "drogas legales"... Desde ese momento, ha habido mucho más hasta ahora, todo con prescripción médica.
Niños, niñas, las drogas, del tipo que sean, son malas... hacen que des el espectáculo por donde vas... 

Beijing es una ciudad absolutamente imprescindible en nuestra vida. 
Llena de contrastes y de gente, muuuuucha gente, todos iguales...miles de chinos van y vienen por las calles, parece que sin saber a donde pero digo yo que si sabrán. Y millones de bicis, quizás más aún.


No voy a hablar de todo lo que vi porque esto sería un libro, me voy a centrar en La Gran Muralla China, que sí, es muy grande. 
Nosotros la vimos nevada, así que nos resultó una postal perfecta.
Hacía mucho frío... Se puede subir caminando por la ladera de una montaña o en un "telesilla" de verdad telesilla... Decidimos subir caminando y bajar en el telesilla... (casi más miedo que en el avión...)


Ya sabéis ¿para qué contar lo que se puede leer en el link de la wiki?

Es impresionante... enorme, robusta, importante. Kilómetros de piedra llenas de historia.
¿¡Qué nos contaría la muralla!? pues toda una vida... desde el S.V antes de Cristo... ya es vida.

Mucha gente paseando, visitando y haciéndose fotos.
Nosotros paseamos un buen rato, hasta que el frío nos entumeció las vísceras y tanta belleza nos atontó los sentidos.
De la muralla se puede decir poco, es mejor verla, admirarla mejor dicho. 
Completamente restaurada, por unos sitios en mejor estado que en otros, se ve desde muchas provincias, nosotros vimos la parte más cercana a Beijing después de un incomodo viaje en bus.
Te reciben unos guerreros completamente equipados con espadón incluido... a mi me sobra el show pero va incluido en el precio... 

Sin comentarios... 

Es muy muy muy larga pero curiosamente, no muy ancha, y a veces hasta resulta estrecha, por no hablar de algunos tramos de escaleras... la nieve tampoco ayudaba mucho. 
La muralla no se ve desde el espacio según parece, aunque... ¿por qué lo saben?... Yo si no lo veo no lo creo... 

Imaginar tantas guerras que disputó y tantas dinastías que guardó.
La cultura China, milenaria, su arte, religión, costumbres... dignas de gran respeto y estudio. Apasionante.

Tal y como la recuerdo

Antes de bajar y someternos al purgatorio del telesilla, nos tomamos un té, con ceremonia incluida... 
Tan romántico todo, tan bello, oloroso y suave té de jazmín, no demasiado caliente, seguramente a la temperatura perfecta para su degustación, pero habíamos pasado tanto frío que nos pareció un té templado.

Yo creo que también del S.V antes de Cristo.

Otra de las anécdotas del viaje, en la recepción nada más llegar (el día para mi inexistente), Jorge escuchó hablar a un chino en español con unos señores, parece que les estaba preparando excursiones.
Le preguntó y era uno de los guías oficiales, pocos, que hablaban español.
En China, en Pekín al menos, hay mucha mafia (como aquí...) y mucha gente que, sin hablar español o inglés, se ofrecen a enseñarte las maravillas de la ciudad y cobrarte cualquier barbaridad por llevarte a su terreno.
Este chico hacía lo mismo, imaginamos, pero a precios razonables y siempre sabiendo que si había algún problema, estaba localizado y teníamos su número de "carnet" ... (allí está todo fiscalizado)

Descubrí mi gran pasión: el budismo...
Cuando volví yo sólo quería dejar mi religión y consagrarme a esa maravillosa filosofía de vida de paz, relax, alimentación sana y olor a incienso... Creo que aún podía ser efecto de las "drogas" del viaje... pero en cada templo lloraba yo cual María Magdalena.
Qué sensación de paz y felicidad en cada visita.

El Templo del Cielo
No recuerdo que templo... 

Tantas y tantas cosas... Por ahora ya...
Miss A

ANEXO: Este post lleva escrito bastante tiempo, un día os cuento mi "mecánica" blogueril.
Me apetece contar una cosita que me ha pasado hoy, un par de días antes de publicar este post. Resulta que estaba de paseo con mi prima Ana, y me dice: "el otro día, una amiga me hizo saber una curiosidad. ¿Tú conoces esas tiendas que se llaman MULAYA?" "Sé de su existencia pero no sé de que son", respondí yo. Y me dice mi prima: "me dijeron que son una cadena de chinos, igual que el resto de chinos, con una estética algo más cuidada. El nombre, MULAYA se gestó en el momento del registro, el chinito dijo que la tienda se llamaría mulaya, como la glan mulaya china"
No sabemos ni Ana ni yo si es "totalmente cierto de facto" pero desde luego pega :-)



Y ahora, la segunda parte del post, didáctica de verdad, llena de conocimientos y curiosidades sobre el té.
Alicia Ocha es una experta y mi gurú del té. Cualquier cosa que queráis preguntar, Alicia es la persona indicada.
Os dejo su página profesional de FB para estar al día de todo: Speak & Tea
Gracias, Alicia, por este magnífico escrito y todos tus consejos.


"LOS TRES SECRETOS DEL TÉ" de Alicia Ocha
... el camino del té no es más que esto:
calentar agua, preparar el té y beberlo.
Sen no Rikyū (1522–1591)


Tiene cierta gracia que la primera cita que leí sobre el té resultase ser la clave de todo: “el té no puede aprenderse de un libro, sino desde el corazón”... especialmente porque llegó hasta mí a través de las páginas de un libro. Así pues, pese a la advertencia del maestro Sochi, lo cierto es que empecé a amar el té gracias a los libros.
Claro que no siempre soy capaz de disfrutarlo, porque preparar una buena taza de té requiere cierta disposición del espíritu que se diluye como la sal en el espeso oleaje del día a día cotidiano. He aquí la primera lección: el té es un amante exigente. Porque hay que tocarlo, olerlo, intuir sus secretos, para adentrarse en su universo, para “olvidar el ruido del mundo”. Si consigues preparar una buena taza de té en mitad de la tormenta, es que puedes superarlo todo.


Y es que gran parte del disfrute está en la preparación. En el descubrimiento del té que estamos “haciendo”, en la complicidad con las hojas, en el éxito de la infusión. Hay pocos momentos tan gratificantes como la emoción del primer sorbo de una perfecta taza de té.
Pero eso, ¿cómo se logra?
El primer secreto del té es el agua: si el agua no es excelente, tampoco lo es el té. Este paso es el más sencillo y a la vez el más difícil, y es que no siempre siempre tendremos a mano un manantial de agua cristalina para prepararlo.
Ya que las hojas de té necesitan rehidratarse para desplegar toda su magia, démosle a nuestro amante el mejor agua disponible (evita el agua demasiado dura o alcalina), rica en oxígeno y transparente.


El segundo secreto del té es el calor. Porque no todas las hojas de té necesitan la misma temperatura del agua para renacer.
El té verde, secado tras la recolección, se quema a más de 70ºC.
El té negro, sin embargo, necesita al menos 90ºC para desplegar su aroma.
El azul, levemente oxidado, no más de 80ºC.
Y es que no hay que olvidar que los colores del té tienen un significado, un modo de procesado que les confiere sus propiedades y condiciona su preparación.


Los chinos tienen un original método para determinar la temperatura del agua según el tamaño de las burbujas que van apareciendo en sus cinco etapas de ebullición: desde las pequeñas “ojos de camarón” (70ºC) hasta las impestuosas “torrente furioso” (95ºC).

Nunca dejéis que el agua hierva, perderá todo su oxígeno y se convertirá en “agua muerta” inútil para preparar un buen té. Las hojas del té son criaturas vivas que necesitan la dosis adecuada de oxígeno para revivir.


No falta quien se queja de que el té es amargo, y es que aún no ha desentrañado su tercer secreto: el tiempo.
Las hojas del té son, por su condición vegetal, ricas en taninos, que se disuelven en el agua durante la infusión. Según el grado de oxidación de las hojas, tendremos cuidado de evitar que los taninos pasen al agua y “amarguen” nuestra taza.
Así, los tés verdes requieren muy poco tiempo de infusión (como mucho tres minutos) frente a los negros oxidados que pueden estar hasta cinco minutos en agua antes de que sea necesario retirar las hojas para preservar la calidad del licor.


¿Y eso es todo?
Bueno, esto es todo lo que aprenderás en los libros. A partir de aquí empieza el camino del corazón. ¡Y no le faltan al té enamorados!
George Orwell escribió en 1946: “cuando leo mis propias instrucciones para la taza perfecta de té, encuentro un mínimo de once puntos importantes. Dos de ellos son ampliamente aceptados, pero al menos cuatro son altamente controvertidos...”

Y desde entonces hasta ahora, cada “teinita” ha definido sus propias preferencias a la hora del elegir y preparar su “perfecta taza de té”. Desde frescos verdes japoneses para degustar en soledad hasta afrutados Darjeeling para compartir en una tarde de verano, el té brinda a sus sibaritas un universo de olores, colores y posibilidades.
¿Ya sabes cuál es tu favorito?

Alicia Ocha