Perdón, así debo comenzar este post, pidiendo perdón por haber estado tan despreocupada estos días sin pasar por vuestros blogs y no disfrutar de vuestros escritos y trabajos :-(
El viernes tuve toda la tarde de presentación de un Festival, I Cat Film Festival Madrid, y he tenido mucho que preparar, estudiar y demás.
Pero ya vuelvo... creo...
A veces pienso que lo mejor para evitar tanto "vayven" sería dejar el blog, pero luego me doy cuenta de que me gusta escribir de vez en cuando y de que echo mucho de menos leeros y saber de tod@s vosotr@s así que, imagino que seguiré... aunque sea de vez en cuando.
Y ahora, al post, que es lo que mola.
Y hoy mola mucho mucho.
7 Delicatessen es un descubrimiento fantástico que está en el Mercado de San Antón, de la calle Augusto Figueroa de Madrid.
En el Mercado de San Pablo de La Laguna también se puede disfrutar del buen hacer de 7 Delicatessen.
Aterriza en Madrid la deliciosa comida canaria, de mi tierra paterna.
La comida canaria, en mi modesta opinión bastante ignorante en lo que a gastronomía se refiere, es muy diferente a casi todo lo que he comido en las diferentes autonomías.
En todas hay verdura, carne, pescado... y deliciosa fruta. Cada una con sus diferentes peculiaridades.
En las islas, las peculiaridades son bastante más "peculiares" que en el resto.
Desde siempre recuerdo cocinar en mi casa con maíz, millo en las Canarias, y no puedo olvidar el potaje de berros de mi abuela con pera.
Y los días de cocido madrileño en casa yo me ponía muy contenta, y no por el cocido que no es de mis platos favoritos, sino por la "ropa vieja" que hacía mi padre al día siguiente (plato que comparten la gastronomía canaria y cubana, entre otros más)
Ropa Vieja
Carne a la fiesta
Papas con mojo verde y rojo
Todos los platos que he probado en 7 Delicatessen tienen la esencia de las islas cocinas con maestría por el chef Julio Velázquez ¡Fantástico!
Este post parece de lo más comercial, pero no, no, no. Ya sabéis que nadie me dice de que tengo que hablar y nadie me invita para que hable de esto o lo otro.
Lo escribo porque me encanta la comida canaria y es el único sitio en todo Madrid en el que podemos disfrutar de los manjares isleños.
Es curioso, Madrid, capital gastronómica, llena de restaurantes internaciones de todo tipo de comida, incluidos restaurantes de comidas imposibles... y no hay ni un sólo restaurante canario.
¡Pues ya tenemos donde probarlo!
También en la Casa de Canarias, cada mes, hay jornadas gastronómicas, de hecho, este próximo jueves 17, hay un curso de cocina canaria de la mano des chef de la Casa, Lesmes Perera, puedes informarte AQUÍ, si te gusta la cocina, esta es una gran oportunidad de aprender el toque del paraíso :-)
Dulce de guayaba y queso
Croquetas de plátano con salsa de tomate canario
Mousse de gofio
Y en este 7 Delicatessen tienen tienda también, me lo ponen fácil para los regalos de Navidad de mi padre :-)
Clipper de fresa y Appletiser, ¡las bebidas de los más canarios!
Y que decir de las cervezas Dorada y Tropical... ¡Un clásico!
Gofio en todas sus variedades
Mojo verde o de cilantro, ¡delicioso!
Desde que inauguraron hace unas semanas, está siempre lleno, ¡normal! todo está delicioso y las atenciones de Julio y Edgar y de todo su equipo, son de calidad 10, como todos los productos a degustar.
Y muchos personajes conocidos por todos, con clase y saber estar, han degustado ya las delicias del Maestro Velázquez.
Micky Nadal
Joaquín Torres
Isabel Prinz
Y estoy muy contenta :-)
En nada celebro mi cumpleaños, ya pasó hace unos días... y voy a contar con pequeñas exquisiteces de 7 Delicatessen para mis invitad@s ¡¡BIEN!!
Será una fiesta de cumpleaños con viandas de mi tierra en pequeño, bocaditos, papitas, cucharadas de ropa vieja, mini croquetas de plátano, almogrote... y por supuesto, delicias con gofio como el mousse.
Luego os contaré como fue todo.
46 años vividos bien merecen la pena y desde luego, agradecer a la vida cada experiencia regalada.
Much@s amigos me van a acompañar, haré fotos bonitas para presentaros a parte de mi círculo de amigos más queridos.
Pues este hotelito, bueno, en este caso lo de hotel se queda corto porque La Casa de Vegueta es un hogar, esta casa Bed&Breakfast, no fue encontrada por casualidad como viene siendo habitual en nosotros, no, esta Casa de Vegueta fue el afortunado resultado de reunir en Google: Hotel, encanto, Vegueta.
Así de bonito te recibe la casa
No es que Google sólo mencionara este hotel, más bien fue que sólo me interesó mirar este.
A principios de verano, mi hermana me dijo que se iba toda la familia en septiembre a Las Palmas, nuestra tierra paterna, a descansar unos días y de paso hacer la Romería de la Virgen del Pino (Virgen del nombre de mi hermana que aunque conocida por el bonito invento de Maipy, el nombre que lleva con orgullo es María del Pino) la noche del 7 al 8 de septiembre, caminata tranquila de Las Palmas a Teror, en nuestro caso sería de Tamaraceite a Teror.
Pues fue escuchar eso de "nos vamos todos a Las Palmas" y a mi entrarme un noséqué en el alma que me hizo decir "yo también quiero" porque si bien en la actualidad no soy de sol ni playa, mi pasado es bien distinto... y como buena medio canaria que soy, no hay sol como el de mi isla ni playas como las afortunadas... y para que hablar de las palmeras de mi tierra que hasta se inclinan...
"Las palmeras de mi tierra se inclinaron a saludar,
a mi niño que es tu niño que ha nacido en un portal.
Arrorró le canta María, folías le canta José,
y el Niño les mira y sonría, que son felices los tres"
Parte del patio. Fotografías de Thomas Moke
La coplilla anterior son algunos versos de un villancico que cantaba en mi etapa escolar con el coro de mi colegio teresiano, coro Enrique de Ossó, junto con uno de los mejores coros universitarios de aquella época, el coro de la Universidad Pontificia de Salamanca, coro Tomás Luis de Victoria, seguramente seguirá siendo unos de los mejores (mi hermana se acordará de toda esta época lo que no sé es si se acordará de ese villancico canario, y sin duda ninguna, mi padre revivirá momentos muy especiales así que Maipy, que mamá y papá lean este post)
Y después de pasarme un ratito buscando y añorando... ¡¡¡pienso poner aquí el villancico!!!
Faltaría más... Ya que en este post se me va a ir la olla del todo (y que poca gente lo va a leer ya que CASI tod@s, salvo muy honrosas y queridas excepciones, veis sólo las fotos...) pues me mola poner este bonito villancico en esta época pre otoñal de septiembre
¿A que nunca habéis leído, ojeado, trasteado post tan originales? podrán ser muchas cosas pero ninguno tan original... ni tan navideño en pleno septiembre.
El coro que canta da un poco de pena pero el villancico es bonito...
aseguro que cantado por nuestros coros era mucho más ameno.
Y todo esto para decir que no hay palmeras como las palmeras canarias en general y las de Las Palmas de Gran Canaria en particular...
Nada de lo anterior describe esta Casa de Vegueta pero creo que pone de manifiesto la intensidad emocional de la autora, es decir yo, al hablar de Canarias y sobre todo del barrio de Vegueta.
Echad un ojo al link del barrio porque es cortito y bonito.
En fin... que ya os habréis dado cuenta de que este post va para largo así que, id a la cocina a por unos bizcochitos, un café o un zumo, os espero por aquí.
El "estar" fotografiado por Thomas Moke
Este barrio de Vegueta, el más bonito de la capital de Gran Canaria, es mi barrio familiar paterno.
Un barrio de callecitas estrechas y edificios cuadrados, enormes, lisos.
Vegueta está en 2013 tal y como yo lo recordaba de años de infancia.
El tiempo se ha buscado un rincón entre la Plaza de Santa Ana y alguna esquina de San Marcos y se ha quedado parado viviendo allí, los mismos balcones y las mismas piedras.
Tanto tanto que incluso después de haber estado mucho tiempo sin ir a Las Palmas, recordé perfectamente el camino desde la Plaza de Santo Domingo a mi casa de San Marcos de toda la vida de Dios y a casa de mis tíos en Abreu y Galindo, al lado (y me encanta haberme enterado en este viaje que fue mi abuelo Esteban quien mandó construir esta casa de Abreu y Galindo en la parte trasera del terreno que rodeaba la casa de San Marcos y no que la comprara ya hecha como di por sentado toda mi vida)
Fotos mías
La luz juguetona del sol de mañana pinta caprichos de sombras, el viajero sentado descansa mientras disfruta de La Paz en el patio canario de la Casa de Vegueta, el lujo no es el dinero ni el oropel sino el saber disfrutar de los minutos que tarda el sol en dibujar sombras.
Miss A
Y por esta pequeña razón, no podía ser más que Vegueta el sitio para quedarnos unos días, y por supuesto, sólo esta Casa nos ofrece todo lo que los viajeros sin alma de gran hotel, resort ni lujo mal entendido, buscamos.
El madrugón que padecí el día de ida a Las Palmas tuvo el efecto secundario y placentero de hacerme dormir en cuanto puse mi pie en la habitación y mis nalgas en la cama...
Eso sí, el viaje previo en taxi con mi padre ya comenzó abriendo mi corazón, por supuesto fue mi padre quien indicó el camino al señor taxista hasta la casa en la calle Pedro Diez a la voz de: "siga por aquí, le he dicho, que he vivido aquí toda mi vida"; je je je, conozco bien a mi padre y nunca dejo de sorprenderme con su agudo sentido de la orientación completamente inexistente en mi.
De las tres habitaciones de la casa, todas hacia el patio interior de típica construcción canaria, se puede decir, poéticamente hablando, que son un remanso de paz y una alegoría al silencio más cartujano.
Frescas, tranquilas y con el decorado perfecto para un sueño reparador: una cama cómoda y las sábanas en su estado perfecto de textura, planchado y color, blanco, siempre blanco.
Una mesa tocador de estilo, mesillas con flores frescas, una silla, una lámpara alegre y brillante.
Todo lo demás que puede haber en una habitación de hotel es superfluo y accesorio para ocultar la falta de calidad de lo estrictamente necesario: comodidad y silencio.
Esta casa tiene a Ana Lola por perfecta anfitriona, la calidez por bandera,
Ana es una mujer muy bella, transparente, culta y con un exquisito gusto por los detalles, nunca excesiva, tremendamente prudente y con un corazón generoso, ella es La Casa de Vegueta, en cada rincón, piedra o mueble se adivina algo de Ana. Y lo sabes, lo adivinas desde la primera conversación, Ana te recibe con una sonrisa, en el estar de la casa, las conversaciones son tranquilas, su son canario es atrayente, como la propia Ana Lola, sensual y atractiva, te envuelve.
Vegueta tiene en esta casa su mejor relaciones públicas.
El desayuno. Fotografía de Thomas Moke
Las personas que me conocen de verdad, mis padres, mi hermana, mis sobrinos Marta y Pablo, y Jorge, saben bien que mis mañanas son peligrosas, no hablo, apenas respiro, sobrevivo.
Tiene que pasar mucho rato hasta que yo emito sonido humano mínimamente agradable, no soy educada, ni graciosa, ni mucho menos "petarda" ni "glamurosa"... soy lo más cercano a la mala leche andante.
Jamás, nunca, hablo durante mi tiempo de desayuno (sea cual sea la hora de ese desayuno) escribo, leo, contesto mensajes pero no mantengo conversación de ningún tipo.
Pues hete aquí que, en esta Casa de Vegueta de Ana Lola, desayunaba con amenas conversaciones, sonrisa en la cara y hasta a veces bromeaba (creo que pocas...)
De hecho, el apartado desayuno de este Bed&Breakfast es un momento de disfrute total.
El comedor, de maderas antiguas y mantelerías de hilo bordado (de verdad, no de las que quieren dar el pego) es una habitación que rezuma historia. Piezas de anticuario, muebles canarios, teteras de plata árabe, loza traída de viajes por el mundo, fotografías de cine, joyas, pinturas de reconocidos artistas locales... Todo habla de Ana y de su historia.
Dato a tener en cuenta como bien reza la web de la casa y suena precioso en las charlas con Ana, gran parte del mobiliario es de Miguel Martín Fernández de La Torre, incluso algunas piezas forman parte del patrimonio familiar del artista.
El comedor.
Fotografías de Patricia González Cámpora de La Casa de La Playa
Fotografía de Ana Lola Betancort
Una cesta con panes variados recién cortados, queso canario, jamón, pavo, diferentes mermeladas, tomate canario, zumo de naranja hecho en el momento, yogur y frutas frescas, infusiones, cada día un pastel o bizcochito diferente y café con olor a mi infancia.
Sí, olor a café molido, dato imborrable de mi memoria sensorial, como tantas cosas que quedan grabadas sensorialmente de mis vivencias canarias.
La casa de mis abuelos en San Marcos, una casa de construcción canaria al uso, en una planta con diferentes medias alturas, caserón muy grande que giraba en torno a un patio, el patio canario, generalmente de suelos bordados de cerámicas de colores, palmeras, plataneras... flores de diferentes variedades, la casa de mis abuelos estaba cuajada de gerberas, mi padre de joven tenía un palomar con palomas mensajeras, yo sólo vi el palomar nunca a las mensajeras (pero si reconozco el sonido de las palomas porque mi padre siempre siempre lo hacía cuando se encontraba con un primo suyo, Pepe Jorge, ese "rrrucutucua rrrrrucutucua" forma parte de mi niñez, yo creo que aún lo hacen cuando se ven o hablan por teléfono, ojalá siga muchos muchos años ese "rrrrucutucua") el despacho de mi abuelo, la despensa enorme en la que yo me colaba nada más llegar del aeropuerto porque sabía que mi abuelo tenía montones de cajas de Ambrosias Tirma y mis adoradas pastillas de colores, las "manos" de plátanos que perfumaban la estancia... todo esto para decir que los vecinos cada mañana molían su café para el desayuno, y cada mañana escuchaba a mi madre: "ya está doña "norecuerdoelnombre" moliendo café" e inmediatamente me llegaba el olor inconfundible del grano... Es curioso, adoro el olor a café pero no me gusta su sabor ni lo tomo.
Total, que me enrollo y no cuento lo que me parece más destacable del momento desayuno. En esta Casa de Vegueta he estado casi casi por desayunar como a mi me gusta, en pijama :-)
Creo que en mi próxima visita así lo haré, entonces ya este post entrará en la gloria de los Top Ten.
Los domingos en la casa de los abuelos en San Marcos era especial para los nietos :-)
Éramos muchos, nos poníamos en fila por edades y subíamos a "por la paga" el abuelo Esteban fue siempre excepcional con sus nietos, generoso, espléndido y muy cariñoso, cascarrabias, gruñón y muy mandón también...
Otro de mis recuerdos imborrables, el olor de las pastillas juanolas y de tabaco.
Las infinitas colecciones de mi abuelo: sellos, vitolas, cromos de todo... Experto coleccionista con premios mundiales y sellos y vitolas muy valiosos.
Y mientras mi abuelo coleccionaba, mi abuela Pilar hacía ganchillo, mucho ganchillo. Creo que casi todas las imágenes de mi abuela, tanto en Las Palmas como cuando iba a vernos a Salamanca, son con la aguja de ganchillo en la mano (ahora llamado crochet... ¡ay pordios cuanta ñoñería!)
Bueno, y haciendo potaje canario (o de berros) al que además de millo, maíz para los peninsulares, añadía una pera... ¡madre mía que delicia!
El patio de La Casa de Vegueta. Fotografía de Ana Lola Betancort
Y en esta casa además de un hogar, deliciosos desayunos y una anfitriona perfecta, encontramos paz y nos re encontramos con el silencio.
Cada rincón nos invita a escucharnos y a pensar, olvidar lo ajeno y "ocuparrnos" de lo nuestro, tan olvidado a veces.
En el patio, una pila con jacintos de agua (que provienen de la casa familiar de San Marcos en la que ahora vive el hermano de mi padre, tío Óscar y tía Loli, su esposa, esto hace que esta Casa de Vegueta sea un poco familiar para mi) peces de colores y un caño de agua corriendo.
Como el post está teniendo tintes de culebrón nostálgico, este es un buen momento para contar otra de mis "anécdotas".
Yo tengo un problema importante con el sonido del agua, me da igual olas de mar, curso de un río o el agua que sale de un grifo, caño o de un botijo, es escucharlo y entrarme ganas de hacer pipí... así que esta casa era perfecta para regular mi "retención de líquidos"... otro punto a su favor: beneficiosa para la salud de las propensas a "cisterna pequeña".
Y hablando de baños... los de las habitaciones son grandes, claros, blancos y perfectamente equipados. De reciente construcción respetando todo el aire de principios del XX de la casa.
Y con un composite de pequeños detalles de La Casa lo dejo por hoy.
Como veis, post algo más personal, largo, quizás aburrido, bueno, voy a ir cambiando estilos.
Como lo que me gusta es escribir y poner a trabajar la neurona, iré probando cositas, tomo este Dolce Far Niente como bloc, que no blog, de ensayos, bocetos y pruebas.
A lo mejor me da por juntar una serie de post y reunirlos como capítulos de un pequeño de libro de viajes emocionales.
Agradezco que me deis pistas, si os apetece, comentarios al respecto y, si tenéis a bien, críticas de todo tipo, así se aprende, se mejora y se construye.
Muchas gracias. Os invito a un bizcochito de Moya.