Mostrando entradas con la etiqueta Turismo chic. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Turismo chic. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de octubre de 2013

Hotel The Beaufort. Londres


Me gustan estos post de sitios bonitos, pequeños y llenos de encanto.

En este tiempo que se asoma ya más fresquito y con las noches largas, nada mejor que planificar escapadas de fin de semana a ciudades en las que se puede caminar mucho, ver mucho y disfrutar más aún.
Este martes de casi finales de octubre, nos vamos de DFN a Londres, mi capital europea favorita. No es que me vaya... nos vamos con el blog :-)

Con todo el tiempo que le dedico a París y sus encantos, puede sorprender esta apreciación sobre Londres, pero no, Londres la amo desde siempre y a París aprendo a amarla con la edad (y la Visa también)

Picadilly Circus
Knightsbridge Street

Me vuelve loca la excentricidad británica, sus manías sólo comparables a las mías, su puntualidad rayando el absurdo contrapuesta a mi impuntualidad. 
Cambian leyes por costumbres inamovibles que les hacen ser un país del siglo XV en pleno siglo XXI con economía del siglo XXII.

Como devoradora de la dramaturgia del más grande dramaturgo de todos los tiempos, William Shakespeare, me encanta pasear por callecitas perdidas por el centro de Londres y encontrarme librerías que guardan perfecta harmonía con la época, no la actual sino de la del escritor, terrazas que dan paso a pequeños salones de té donde puntillas, tazitas de porcelana y señoras con cofia adornan una tarde de merienda comparable a cualquier placer prohibido, y me da que de prohibiciones sabía mucho Shakesperare y de pasiones también. 
Muchas veces imagino, infeliz de mi... que el propio William paseó por allí alguna vez, e incluso me regalo el pensamiento de estar tomando el té con alguna de sus antepasadas, o que la tarta llena de mantequilla y fruta que tomo es la preferida del Maestro.


Y después de unos cuantos errores pasados en hoteles "in-mombrables" por múltiples razones, no hace mucho, dimos con esta encantadora casa del barrio de Chelsea que, sin duda, es ya nuestro hotel en Londres. 
The Beaufort Hotel lo encontramos por casualidad... buscando un hotel que nos habían recomendado, como Hotel Boutique en esa zona aparecen varios, todos lleno de encanto y dentro de los parámetros que pedimos en un Hotel.
Y apareció este, algo más "moderno" que otros por allí y sobre todo, de muy reciente remodelación.

Nada de lujos, ya sabéis que eso del lujo es completamente subjetivo y en el Dolce Far Niente no caben los lujos así considerados por la mayoría.


El hotel está en una manzana de casas todas iguales, en el 33 de Beaufort Gardens Street, al lado de todo... de todo lo que a mi me gusta de Londres.
Y si "algo" está un poco más lejos, un paseo agradable disfrutando de callecitas y avenidas.
Cuando viajamos de DFN, pocas veces cogemos metros o buses, solemos caminar para conocer cada rincón, y ya agotados, taxi y de vuelta.

Las habitaciones de esta casa hotel, son amplias, perfectamente amuebladas, muy cómodas.
Camas perfectas al estilo británico, blandas con el punto justo de dureza, plumas y sábanas de hilo.

Quizás el baño algo pequeño, al menos en la habitación en la que nosotros nos hospedamos, pero impecable, moderno y blanco.


Este hotel tiene un ascensor diminuto, lo han encajado en un hueco casi inexistente, así que subir en él es toda una aventura,.
Si tenéis maletones lo más probable es que no quepan.

Delicioso momento el del té en este hotel, con scones por supuesto :-)
Todas las tardes se puede degustar el momento más familiar del té de las 5 en punto, desde las 3 de la tarde aproximadamente.


Pedimos cada día el desayuno en la habitación, carta pequeña y muy cuidada, salados, cereales, fruta, dulces, y una selección de tés deliciosos. Muy recomendable hacer el desayuno en la habitación, la mesita y el sofá son prolongación de la comodidad de la cama.

Poco más, mucho hay sobre Londres, habrá más sitios y momentos DFN para contar.
Por ahora, deseando volver.

Nos vemos con té.
Miss A

PS: El próximo martes, toca post de esos de dar las gracias :-) 

martes, 17 de septiembre de 2013

La Casa de Vegueta. Las Palmas de Gran Canaria

Pues este hotelito, bueno, en este caso lo de hotel se queda corto porque La Casa de Vegueta es un hogar, esta casa Bed&Breakfast, no fue encontrada por casualidad como viene siendo habitual en nosotros, no, esta Casa de Vegueta fue el afortunado resultado de reunir en Google: Hotel, encanto, Vegueta.

Así de bonito te recibe la casa

No es que Google sólo mencionara este hotel, más bien fue que sólo me interesó mirar este.
El enunciado pintaba muy bien: Casa.
El apellido sonaba a tradición: Vegueta.
Entrar en la web de La Casa de Vegueta y tener flechazo fue inmediato.

A principios de verano, mi hermana me dijo que se iba toda la familia en septiembre a Las Palmas, nuestra tierra paterna, a descansar unos días y de paso hacer la Romería de la Virgen del Pino (Virgen del nombre de mi hermana que aunque conocida por el bonito invento de Maipy, el nombre que lleva con orgullo es María del Pino) la noche del 7 al 8 de septiembre, caminata tranquila de Las Palmas a Teror, en nuestro caso sería de Tamaraceite a Teror. 

Pues fue escuchar eso de "nos vamos todos a Las Palmas" y a mi entrarme un noséqué en el alma que me hizo decir "yo también quiero" porque si bien en la actualidad no soy de sol ni playa, mi pasado es bien distinto... y como buena medio canaria que soy, no hay sol como el de mi isla ni playas como las afortunadas... y para que hablar de las palmeras de mi tierra que hasta se inclinan...

"Las palmeras de mi tierra se inclinaron a saludar,
a mi niño que es tu niño que ha nacido en un portal.
Arrorró le canta María, folías le canta José,
y el Niño les mira y sonría, que son felices los tres"

 Parte del patio. Fotografías de Thomas Moke

La coplilla anterior son algunos versos de un villancico que cantaba en mi etapa escolar con el coro de mi colegio teresiano, coro Enrique de Ossó, junto con uno de los mejores coros universitarios de aquella época, el coro de la Universidad Pontificia de Salamanca, coro Tomás Luis de Victoria, seguramente seguirá siendo unos de los mejores (mi hermana se acordará de toda esta época lo que no sé es si se acordará de ese villancico canario, y sin duda ninguna, mi padre revivirá momentos muy especiales así que Maipy, que mamá y papá lean este post)

Y después de pasarme un ratito buscando y añorando... ¡¡¡pienso poner aquí el villancico!!!
Faltaría más... Ya que en este post se me va a ir la olla del todo (y que poca gente lo va a leer ya que CASI tod@s, salvo muy honrosas y queridas excepciones, veis sólo las fotos...) pues me mola poner este bonito villancico en esta época pre otoñal de septiembre 
¿A que nunca habéis leído, ojeado, trasteado post tan originales? podrán ser muchas cosas pero ninguno tan original... ni tan navideño en pleno septiembre. 

El coro que canta da un poco de pena pero el villancico es bonito... 
aseguro que cantado por nuestros coros era mucho más ameno.

Y todo esto para decir que no hay palmeras como las palmeras canarias en general y las de Las Palmas de Gran Canaria en particular...
Nada de lo anterior describe esta Casa de Vegueta pero creo que pone de manifiesto la intensidad emocional de la autora, es decir yo, al hablar de Canarias y sobre todo del barrio de Vegueta.
Echad un ojo al link del barrio porque es cortito y bonito.

En fin... que ya os habréis dado cuenta de que este post va para largo así que, id a la cocina a por unos bizcochitos, un café o un zumo, os espero por aquí.

El "estar" fotografiado por Thomas Moke

Este barrio de Vegueta, el más bonito de la capital de Gran Canaria, es mi barrio familiar paterno.
Un barrio de callecitas estrechas y edificios cuadrados, enormes, lisos.
Vegueta está en 2013 tal y como yo lo recordaba de años de infancia.

El tiempo se ha buscado un rincón entre la Plaza de Santa Ana y alguna esquina de San Marcos y se ha quedado parado viviendo allí, los mismos balcones y las mismas piedras.
Tanto tanto que incluso después de haber estado mucho tiempo sin ir a Las Palmas, recordé perfectamente el camino desde la Plaza de Santo Domingo a mi casa de San Marcos de toda la vida de Dios y a casa de mis tíos en Abreu y Galindo, al lado (y me encanta haberme enterado en este viaje que fue mi abuelo Esteban quien mandó construir esta casa de Abreu y Galindo en la parte trasera del terreno que rodeaba la casa de San Marcos y no que la comprara ya hecha como di por sentado toda mi vida)

Fotos mías
La luz juguetona del sol de mañana pinta caprichos de sombras, el viajero sentado descansa mientras disfruta de La Paz en el patio canario de la Casa de Vegueta, el lujo no es el dinero ni el oropel sino el saber disfrutar de los minutos que tarda el sol en dibujar sombras.
Miss A

Y por esta pequeña razón, no podía ser más que Vegueta el sitio para quedarnos unos días, y por supuesto, sólo esta Casa nos ofrece todo lo que los viajeros sin alma de gran hotel, resort ni lujo mal entendido, buscamos.

El madrugón que padecí el día de ida a Las Palmas tuvo el efecto secundario y placentero de hacerme dormir en cuanto puse mi pie en la habitación y mis nalgas en la cama...

Eso sí, el viaje previo en taxi con mi padre ya comenzó abriendo mi corazón, por supuesto fue mi padre quien indicó el camino al señor taxista hasta la casa en la calle Pedro Diez a la voz de: "siga por aquí, le he dicho, que he vivido aquí toda mi vida"; je je je, conozco bien a mi padre y nunca dejo de sorprenderme con su agudo sentido de la orientación completamente inexistente en mi.

Habitación 1. Fotografía de Thomas Moke
Nuestra habitación. 
Fotografía de Patricia González Cámpora de La Casa de la Playa.
Habitación 3. Fotografía de Ana Lola Betancort

De las tres habitaciones de la casa, todas hacia el patio interior de típica construcción canaria, se puede decir, poéticamente hablando, que son un remanso de paz y una alegoría al silencio más cartujano.
Frescas, tranquilas y con el decorado perfecto para un sueño reparador: una cama cómoda y las sábanas en su estado perfecto de textura, planchado y color, blanco, siempre blanco. 

Una mesa tocador de estilo, mesillas con flores frescas, una silla, una lámpara alegre y brillante.
Todo lo demás que puede haber en una habitación de hotel es superfluo y accesorio para ocultar la  falta de calidad de lo estrictamente necesario: comodidad y silencio. 


Esta casa tiene a Ana Lola por perfecta anfitriona, la calidez por bandera,
Ana es una mujer muy bella, transparente, culta y con un exquisito gusto por los detalles, nunca excesiva, tremendamente prudente y con un corazón generoso, ella es La Casa de Vegueta, en cada rincón, piedra o mueble se adivina algo de Ana. Y lo sabes, lo adivinas desde la primera conversación, Ana te recibe con una sonrisa, en el estar de la casa, las conversaciones son tranquilas, su son canario es atrayente, como la propia Ana Lola, sensual y atractiva, te envuelve.
Vegueta tiene en esta casa su mejor relaciones públicas.

El desayuno. Fotografía de Thomas Moke

Las personas que me conocen de verdad, mis padres, mi hermana, mis sobrinos Marta y Pablo, y Jorge, saben bien que mis mañanas son peligrosas, no hablo, apenas respiro, sobrevivo.
Tiene que pasar mucho rato hasta que yo emito sonido humano mínimamente agradable, no soy educada, ni graciosa, ni mucho menos "petarda" ni "glamurosa"... soy lo más cercano a la mala leche andante.
Jamás, nunca, hablo durante mi tiempo de desayuno (sea cual sea la hora de ese desayuno) escribo, leo, contesto mensajes pero no mantengo conversación de ningún tipo.
Pues hete aquí que, en esta Casa de Vegueta de Ana Lola, desayunaba con amenas conversaciones, sonrisa en la cara y hasta a veces bromeaba (creo que pocas...)

De hecho, el apartado desayuno de este Bed&Breakfast es un momento de disfrute total.
El comedor, de maderas antiguas y mantelerías de hilo bordado (de verdad, no de las que quieren dar el pego) es una habitación que rezuma historia. Piezas de anticuario, muebles canarios, teteras de plata árabe, loza traída de viajes por el mundo, fotografías de cine, joyas, pinturas de reconocidos artistas locales... Todo habla de Ana y de su historia.
Dato a tener en cuenta como bien reza la web de la casa y suena precioso en las charlas con Ana, gran parte del mobiliario es de Miguel Martín Fernández de La Torre, incluso algunas piezas forman parte del patrimonio familiar del artista.

El comedor. 
Fotografías de Patricia González Cámpora de La Casa de La Playa
Fotografía de Ana Lola Betancort

Una cesta con panes variados recién cortados, queso canario, jamón, pavo, diferentes mermeladas, tomate canario, zumo de naranja hecho en el momento, yogur y frutas frescas, infusiones, cada día un pastel o bizcochito diferente y café con olor a mi infancia. 

Sí, olor a café molido, dato imborrable de mi memoria sensorial, como tantas cosas que quedan grabadas sensorialmente de mis vivencias canarias. 

La casa de mis abuelos en San Marcos, una casa de construcción canaria al uso, en una planta con diferentes medias alturas, caserón muy grande que giraba en torno a un patio, el patio canario, generalmente de suelos bordados de cerámicas de colores, palmeras, plataneras... flores de diferentes variedades, la casa de mis abuelos estaba cuajada de gerberas, mi padre de joven tenía un palomar con palomas mensajeras, yo sólo vi el palomar nunca a las mensajeras (pero si reconozco el sonido de las palomas porque mi padre siempre siempre lo hacía cuando se encontraba con un primo suyo, Pepe Jorge, ese "rrrucutucua rrrrrucutucua" forma parte de mi niñez, yo creo que aún lo hacen cuando se ven o hablan por teléfono, ojalá siga muchos muchos años ese "rrrrucutucua") el despacho de mi abuelo, la despensa enorme en la que yo me colaba nada más llegar del aeropuerto porque sabía que mi abuelo tenía montones de cajas de Ambrosias Tirma y mis adoradas pastillas de colores, las "manos" de plátanos que perfumaban la estancia... todo esto para decir que los vecinos cada mañana molían su café para el desayuno, y cada mañana escuchaba a mi madre: "ya está doña "norecuerdoelnombre" moliendo café" e inmediatamente me llegaba el olor inconfundible del grano... Es curioso, adoro el olor a café pero no me gusta su sabor ni lo tomo. 

Total, que me enrollo y no cuento lo que me parece más destacable del momento desayuno. En esta Casa de Vegueta he estado casi casi por desayunar como a mi me gusta, en pijama :-) 
Creo que en mi próxima visita así lo haré, entonces ya este post entrará en la gloria de los Top Ten. 


Los domingos en la casa de los abuelos en San Marcos era especial para los nietos :-)
Éramos muchos, nos poníamos en fila por edades y subíamos a "por la paga" el abuelo Esteban fue siempre excepcional con sus nietos, generoso, espléndido y muy cariñoso, cascarrabias, gruñón y muy mandón también... 
Otro de mis recuerdos imborrables, el olor de las pastillas juanolas y de tabaco.

Las infinitas colecciones de mi abuelo: sellos, vitolas, cromos de todo... Experto coleccionista con premios mundiales y sellos y vitolas muy valiosos.

Y mientras mi abuelo coleccionaba, mi abuela Pilar hacía ganchillo, mucho ganchillo. Creo que casi todas las imágenes de mi abuela, tanto en Las Palmas como cuando iba a vernos a Salamanca, son con la aguja de ganchillo en la mano (ahora llamado crochet... ¡ay pordios cuanta ñoñería!) 
Bueno, y haciendo potaje canario (o de berros) al que además de millo, maíz para los peninsulares, añadía una pera... ¡madre mía que delicia! 

El patio de La Casa de Vegueta. Fotografía de Ana Lola Betancort

Y en esta casa además de un hogar, deliciosos desayunos y una anfitriona perfecta, encontramos paz y nos re encontramos con el silencio. 
Cada rincón nos invita a escucharnos y a pensar, olvidar lo ajeno y "ocuparrnos" de lo nuestro, tan olvidado a veces.

En el patio, una pila con jacintos de agua (que provienen de la casa familiar de San Marcos en la que ahora vive el hermano de mi padre, tío Óscar y tía Loli, su esposa, esto hace que esta Casa de Vegueta sea un poco familiar para mi) peces de colores y un caño de agua corriendo. 

Como el post está teniendo tintes de culebrón nostálgico, este es un buen momento para contar otra de mis "anécdotas".
Yo tengo un problema importante con el sonido del agua, me da igual olas de mar, curso de un río o el agua que sale de un grifo, caño o de un botijo, es escucharlo y entrarme ganas de hacer pipí... así que esta casa era perfecta para regular mi "retención de líquidos"... otro punto a su favor: beneficiosa para la salud de las propensas a "cisterna pequeña".

Y hablando de baños... los de las habitaciones son grandes, claros, blancos y perfectamente equipados. De reciente construcción respetando todo el aire de principios del XX de la casa.

Y con un composite de pequeños detalles de La Casa lo dejo por hoy.

Como veis, post algo más personal, largo, quizás aburrido, bueno, voy a ir cambiando estilos.
Como lo que me gusta es escribir y poner a trabajar la neurona, iré probando cositas, tomo este Dolce Far Niente como bloc, que no blog, de ensayos, bocetos y pruebas.
A lo mejor me da por juntar una serie de post y reunirlos como capítulos de un pequeño de libro de viajes emocionales.
Agradezco que me deis pistas, si os apetece, comentarios al respecto y, si tenéis a bien, críticas de todo tipo, así se aprende, se mejora y se construye.

Muchas gracias. Os invito a un bizcochito de Moya.
Miss A.

martes, 18 de junio de 2013

Archipiélago de San Blas. Panamá

Hhmmm tengo en la mente desde hace mucho tiempo escribir algo sobre San Blas, quizás hoy sea el momento... quizás no y se me vaya el santo al cielo.

Y sólo como recuerdo a mis queridos (y pacientes) lectores: yo no soy experta en nada, sé de muy poco, de casi nada, yo sólo sé hablar de experiencias, emociones, sentimientos, es el único tema en el que me siento segura, sobre todo porque las emociones son personales e indiscutibles.

En este post sé que se me va a ir mucho la cabeza, voy a volar y me da que vais a pensar que me he "fumao" algo pero no, es que San Blas, Panamá, los corales y mi imaginación son así.

Me vais a permitir que os cuente algunas de nuestras "anécdotas", esas que nos acompañan en todos nuestros viajes y que obvio contaros por respeto a vuestro valioso tiempo.

Para empezar, soñemos.

Welcome to the really lost paradise (*)


Un par de comentarios cortos para ponernos en antecedentes:
- Tengo pavor a volar (lo expliqué mejor en este post... con consecuencias que me arrastraron al "mundo de la drogadicción legal") 
- Tengo familia en Panamá. Mi tía Piny, a la que adoro, hermana de mi madre (son clones) se casó con un apuesto panameño, tío Johny, estudiante avanzado de medicina en la Universidad de Salamanca, y se fue a vivir allende los mares. De ese bello matrimonio nacieron mis 4 primos, Ana, Toño, Manolo y Charito, 4 bellezas como soles. Recuerdo a mi tío con mucho cariño, seguro que sonríe desde donde esté al intuir este post.

Pues un verano de estos con  ganas de pasarlo fatal en el avión y deseando ver a mi familia y que Jorge conociera un país precioso lleno de exotismo de lo más chic, nos embarcamos nuestras 12 horas de viaje.


Otro día haré post de Panamá, su canal, la belleza, mi gente... hoy toca San Blas.

Ya en Panamá, mi tía nos dijo que cómo estando en Panamá no iba a conocer Jorge San Blas... OMG OMG OMG!!! 
Yo ya conocía San Blas (suena pedante, lo sé, lo es, pero he ido bastantes veces y conozco mucho y bien ese paraíso que es Panamá) y también el medio de transporte así que dije que casi que no, Jorge dijo que sí, se unieron a mi tía y a Jorge un amigo de toda la vida de la familia, Fernando Correa y Charito...


... Que merece la pena, desde luego, y estoy segura de que después de leer este post,  tod@s me vais a decir que sí, salvo quizás algún despistao/a para quien el mayor paraíso es Cancún o algún atolón  cargado de turismo... Perdonad la insolencia pero tengo edad para ser insolente.

Hasta aquí todo bien: islas, corales, todo lo que yo le contaba a Jorge de San Blas, lo que nos contaba Manolo... Pero... ¿cómo se llega hasta este archipiélago perdido de la mano de Dios en pleno mar turquesa o Caribe?

Pues se llega en unas avionetas que no llegan ni a calibre de avioneta, son avionetillas... 
Por esa época, pleno invierno caribeño, hay unos huracanes que "te cagas" con perdón (siempre que voy me toca el huracán... y he ido varias veces entre Panamá, Miami y Puerto Rico)

Os juro que eran más pequeñas, cabíamos 5...

Manolo miró pronóstico de tiempo y sí, anunciaban fuertes vientos... Y añadió: "Hhmmm quizás es mejor que no vayan, "los aviones" a San Blas se caen en esta época del año"...
Aaahhhhh OMG OMG OMG!!! ¿Y dónde se caen? nos preguntaremos... Pues donde se van a caer... ¡EN PLENA SELVA... ! Es lo que tiene Panamá, entre otras cosas, mucha belleza exótica.

Me fui a confesar y a comulgar y un sábado a una hora completamente indecente, salimos rumbo a no recuerdo que isla del archipiélago de San Blas, una mínima que utilizan como "aeropuerto" (pedazo de arena a la que habían quitado palmeras)

Jaja Tengo que hacer otro paréntesis, Jorge ha leído este post antes de publicarlo y su comentario es: "pero... ¡qué dices! si llegas a comulgar, echas espuma por la boca y giras la cabeza cual peonza... y no por atea, que no, sino por mala leche concentrada que tienes"
ADORO A JORGE POR ENCIMA DE MI VIDA :-) :-) 

San Blas es un conjunto de más de 300 islas diminutas de las cuales unas pocas deben estar habitadas. Los indios Kuna, los verdaderos y únicos habitantes que había en Panamá (leed la historia de Panamá, es interesante y enamora) forman la comunidad Kuna Yala. Es muy curioso todo, merece la pena que leáis un par de links, así que, id a la cocina, un café, unas magdalenas y a recrearse con este pueblo independiente del pueblo panameño con gobierno, moneda, idioma y bla bla propios.


Nos estaba esperando un indio Kuna para llevarnos a nuestra isla. Manolo nos había buscado un "hotel" recién abierto en una de las islas. Hay varias con "hotelitos" este era algo más especial, precioso y 100% ecológico. Me enamoré en cuanto lo vi.

Lo normal es ir a la isla más grande y capital administrativa de las islas: El Porvenir. Es la más "turística", te enseñan su vida, hay restaurantes,  hoteles, playas "muy preparadas"...  un guía te muestra todas la curiosidades, nosotros fuimos un finde de aventura así que nada de islas "masificadas"...

El Porvenir

No os cuento el viaje Panamá-San Blas porque no tiene interés, salvo mi diarrea causada por el miedo... Lo interesante está en el viaje San Blas-Panamá.

Ya en el cayuquito en el que el indio Kuna nos recogió, nos apeteció olvidarnos de toda civilización así que rogamos, por señas, que apagara el motor y fuéramos como iban ellos, dejándose llevar por la corriente.
En ese momento la conexión con la paz fue total y el mundo se paró, de manera literal.
Mar, cielo, rumor de brisa, islas diminutas alrededor, silencio absoluto... es difícil explicarlo. 
Creo que imaginarnos ser nada en una inmensidad azul ayuda un poco.


Y a partir de aquí, el orden de los factores no altera el producto.

¿Qué se hace en una isla de unos 100 metros cuadrados, sin electricidad, ni gente, ni nada de nada de lo que ahora mismo se nos pueda ocurrir? 
Pues vivir, vivir maravillosamente bien 36 horas de absoluta conexión con la naturaleza sin explotar, sin turismo, sin nada de nada más que bellezas naturales, sol, mar, calor, arena de seda blanca, orquídeas que nacen salvajes en plena explosión de belleza, peces de colores, palmeras llenas de cocos, corales, estrellas de mar... 

Lo mejor que se puede hacer en ese momento es llorar de emoción agradecida a la vida por la bendición de nuestros 5 sentidos al 100% de su capacidad.


Cuando llegamos, la sorpresa fue más que deliciosa.
El hotel era una construcción de bambú y hojas de palma, la habitación un cuadrado de arena y bambú, unas camas revestidas de colchas de "mola" y un baño ecológico: una ducha de agua de lluvia y un "retrete" de los que "se vacían". Pocos lujos he disfrutado más en mi vida como esas 36 horas.

La habitación tenía "terraza" con 2 hamacas con vistas al cielo y las estrellas (espectáculo único en la noche)


Un niño kuna, nos llevó a hacer snorkel 
Me dio un poco de cosita, el mar y yo no nos llevamos bien pero, después de ver que Jorge alucinaba viendo pececillos, me decidí a quedarme en la orilla y mirar un poco.

Yo vi poquita cosa... ainsss mi cobardía me atenaza, pero todo el archipiélago es coralino así que, haceos una idea de lo que se puede ver: peces tropicales, corales, manta rayas, langostas, camarones... 

Después un paseo para conocer la isla, en 3 minutos la ves entera, pero es bonito observar lo que no se ve a simple vista.

Hotel y las cabañitas

En el paseo que nos dimos, pudimos hablar de cientos de cosas de las que no se habla cuando uno está rodeado de multitud de estímulos externos que te hacen perder la verdadera esencia de la naturaleza y la vida sin más.

Uno se da cuenta de que de verdad no somos nada, nada de nada, somos la mota de polvo que cubre el grano de arena que forma la inmensidad del mundo.
El cielo es azul y ya, el mar salado, la arena es suave, las palmeras son verdes, el aire da vida... lo demás, complicaciones absurdas que impiden que valoremos lo verdaderamente valioso: el aquí y ahora, el compartir con quien amamos, el amar y dejarnos amar.

De verdad, no me he fumado nada, es que, en este Dolce Far Niente lleno de frivolidad rosa, la vida es lo único que importa, el vivir y saber disfrutar, y sobre todo, el compartir la vida de manera alegre y tratar de alegrar.
Por eso tenía muchas ganas de escribir sobre San Blas.

El lujo y el oro no son nada.
El lujo es apreciar la vida.


A la hora de comer todo fue sencillo: una ensalada de verduras y frutas de las islas, queso hecho por las indias kuna, un pan de maíz delicioso y el segundo a elegir: ¿camarones? ¿pescado a la piedra? ¿langosta?
Sea lo que fuera que eligiésemos, el método a seguir era el mismo: elegir, indio Kuna coge cayuco, mar, se tira, pilla langosta, pescado o camarones, regresa, a la piedra caliente y al plato...

Después de siesta y otro paseo, la noche se echa encima. A las 5 de la tarde comienza a  anochecer, y a las 6 la luz del ocaso te inunda.
Para una vampira como yo es doble placer, la cosa es que sin tele ni nada... 
Cuando ya creía que me iba a aburrir, nos llego la segunda gran sorpresa de San Blas y que tanto me hace saber apreciar, tolerar y abrir mi mente.


Se fueron los indios e indias kuna, se apagó el grupo electrógeno, la luz de la luna y la estrellas por farolas, y ahora sí, el silencio más absoluto. Lo mejor: disfrutarlo. No hablar.
Hay una preciosa frase, un proverbio indio: "Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio"
En ese momento ninguna palabra podía ser más placentera que el absoluto silencio. Completamente solos en una isla desierta en mitad del mar. Pensamiento: ¿Nos hacemos fuertes en la isla y la "okupamos" para siempre, siempre, siempre?

Y en el silencio, el chapoteo de unos remos en el agua... Primera impresión: ¡ah! ahora es cuando llegan, nos atan a una palmera y vengan sobre nosotros el pasado de sus ancestros martirizados, violados, golpeados y muertos por los españoles de la conquista americana... 
Nos van a rapar el pelo, a meter clavos en la nariz y a golpear nuestros cuerpos con varas de caña...

Yo supe que lo vivido en el paraíso esas últimas horas, eran el bonito prólogo de una horrible muerte.
Y justo cuando empiezas a maldecir a Colón, a los Reyes Católicos, La Pinta, La Niña, La Santa María y a la madre que los parió a todos... aparece un indito kuna con cara de ángel bueno, saluda con la mano y con una hermosa sonrisa te dice que viene a vigilar tus sueños y la isla (intuyes que dice eso entre su idioma, inglés y castellano... que bien podía decir: empezad a rezar porque os voy a pasar a cuchillo...)


Pasado el primer susto y ya relajados, dando gracias por el pueblo pacífico indígena, invitamos al indito a sentarse con nosotros. Elige un tronco de palmera, nosotros en las hamacas, empezamos a disfrutar de una preciosa historia de amor del indio con su isla, su pueblo y su cultura....
¡Qué mal han hecho la TV, radio, internet, ciberespacio, telefonía y demás locuras con la tradición de contar historias! 
No sé si lo que nos contó era cierto o producto de su imaginación, pero sonaba tan bonito que se nos pasó la noche entera escuchando emocionados.

San Blas mantiene independencia absoluta económica, política y cultural de Panamá. Tienen su propio régimen, administración, sus "regentes"...
Una de las leyes, con buen criterio para seguir manteniendo su "independencia", es que en la isla no puede haber negocios cuyos propietarios no sean indios Kuna.
Pues este amigo nocturno, se había asociado con un "gringo" para poner este hotel, el único en el conjunto de islas algo mas "confortable" que los que había (imagino que se habrán hecho más ya, o no, quien sabe)
La isla pequeña y preciosa, era propiedad del indio Kuna y con un visitante gringo avezado, puso, a espaldas de su comunidad, con triquiñuelas y demás, ese hotel.
Todo iba bien hasta que descubrieron que había un no Kuna en el negocio.
El "regente" de su comunidad le quitó el hotel, al americano le declararon persona non grata y los beneficios que daba el hotel pasaron a toda la sociedad Kuna Yala.

Eso sí, tuvieron la delicadeza de nombrar al indito dueño de la isla y del hotel, vigilante nocturno, así que cada noche cogía su cayuquito y pasaba las noches disfrutando de su creación.

Nos encantó el indio y nosotros a él así que le propusimos, con mucho respeto, que si nos llevaba a su poblado a la mañana siguiente a conocer a su familia, su gente, a su chaman, que nos contara algo de su cultura, costumbres...


A la mañana siguiente nos esperaba un delicioso desayuno recién hecho con pan de maíz caliente, queso fresco, frutas peladas y cortadas: mango, papaya, piña, coco, melón sandía, banana...

Y nos embarcamos en el cayuco de paseo.

Lo primero, un recorrido por las islas cercanas, habitadas solo por flora y fauna, y yo rezando para que los cocodrilos estuvieran sólo en el tapón del Darién.

Muchas islas mínimas son solo manglares, una experiencia más...

Llegamos al poblado y un olor a humo raro, no era como el de Estambul que huele a azufre, era mucho más intenso, se veía humo por toda la isla.
Cocinan quemando vete tú a saber qué y huele raro, mal, la verdad.

No nos dejaron hacer ni una sola foto... Estas son de internet (robadas, vamos...)
Esta isla no se visita, fuimos porque el "dueño" de la isla/hotel nos llevó, así que, íbamos con mucho cuidado, siempre sonriendo, hablando lo justo, sin preguntar, saludando si nos saludaban, dejando que nos tocaran los niños que se morían de risa al vernos tan feos.


Las indias de San Blas visten de una manera muy curiosa y para mi gusto, preciosa.
Se hacen unas blusas con telas de colores y por delante y por detrás pegan las llamadas "molas", debajo del pecho y hasta la cintura.
Dos partes iguales que hacen uniendo telas de colores y con unos dibujos-obras de arte. Las molas panameñas son de lo más típico, los "turistas" se las llevan por miles para hacer cojines, alfombras, cuadros, paños, adornos, colchas... Seguramente sin tener ni idea de su origen.
Cuando vosotros veáis esta telas ya sabéis que las hacen las indias Kuna de Panamá y que forman parte de su vestimenta.



 Unos pocos dibujos de los miles que hacen

El vestuario continua con unas faldas largas tipo pareo de colores, un pañuelo rojo a la cabeza y unas pulseras preciosas, winni, siempre que voy a Panamá me compro, luego aquí me aburro y me las quito.


Como en muchas culturas indígenas ancestrales, cuando las niñas se hacen mujeres, les cortan el pelo, entonces se ponen el pañuelo, ¡me da una rabia! Tienen un pelo negro y brillante precioso.

Otra curiosidad que a más de uno le gustará, lástima que este blog lo lean pocos hombres :-)
En la cultura Kuna, los hombres no hacen otra cosa más que tocarse las pelotas, con perdón, todo el día. Son las mujeres las que trabajan en la casa, cuidan a los niños, van a por la comida, cortan la leña... Todo.
Los hombres están para construir las casas, que ya están todas hechas... y para seguir haciendo inditos e inditas Kuna.
(Cómo me gustaría algún comentario masculino aquí además del de mi gran amigo Fernando Gessa, cuyo blog Mesa para Uno os recomiendo, Fernando gracias por todos y cada uno de los preciosos comentarios que dejas)

Otro link interesante sobre la cultura Kuna Yala.

Los hay más listillos y se hacen chamanes...

Otros se van a Panamá a trabajar a ayudar a la familia, algunos incluso estudian y van a la Universidad, no sé yo si son los más inteligentes... Desde lugo en el poblado viven como dioses.


En la isla a la que fuimos, nos ofrecieron molas, por supuesto compré, me encantan, en mi casa tengo cuadros de molas y un par de "haucas", me da mucha rabia no encontrar nada que explique bien que son, en la wiki sólo hacen referencias a las deidades de Perú.

Las huacas panameñas son piezas de oro, he encontrado este link  HUACA que algo explica, pero es en inglés. Piezas precolombinas que representan diferentes valores: poder, valor, salud...
Ainsss qué rabia me da mi ignorancia.

Rogad en vuestros comentarios que dejen comentarios mis primos, mi tía, mis amig@s de Panamá... 
Voy a linkear a tod@s esta entrada para que nos iluminen sobre esta belleza :-) :-)

He encontrado esta página en FB sobre huacas 



Eso sí, las huacas nada tienen que ver con los indios Kuna (o a lo mejor sí)
Hablo de ellas porque en mi casa tengo mi rincón Panamá con las molas y las huacas.

Pues nada, este viaje maravilloso de cultura, sociedades, belleza natural, gastronomía y filosofía de vida va llegando a su fin.

Además de las molas, compré una caracola gigante, me encanta. Uno de los extremos está "capado", resulta que ELLOS soplán fuerte y hacen que suene... Lleva años en mi terraza y nunca nadie ha hecho que suene...

Y el viaje de vuelta fue de juzgado de guardia.
Recordad: avionetillas..

El piloto nos recogió en el "aeropuerto".
Con nosotros viajaba una pareja con toda su casa en cajas...
Cuando iba pensando yo, ya volando, si el avión podría con tanto, vemos que el piloto baja a otra isla... ¡Aahhhh otro matrimonio con su casa en cajas! Y esta vez además, se llevaban a las gallinas... (a lo mejor al veterinario, no sé, la cosa es que las metieron el el avión...)

En un momento iba yo rezando ya en idioma inventado,  cuando el piloto vuelve a bajar, pensé yo que a dejar a alguien, más que nada porque ya no cabía ni el alma de las gallinas allí... ¡Nooo! coge a otro indito más...
¡Ay madre! Nos habíamos montado en el avión autobús :-(

Estábamos como sardinas y gallinas en lata... Cual hora punta del metro en Madrid (pero por el aire y la selva a nuestros pies)
Pensé que nos habíamos salvado de la venganza de los indios con nosotros por el maltrato a sus ancestros pero que la aviación iba a terminar con nuestra vidas...
Debo añadir como dato anecdótico, que el piloto iba con la "ventanilla bajada" y fumando...

Cuando llegamos al aeropuerto de Panamá y vi a mi tía que venía a recogernos, me abracé a ella dando gracias al cielo.

Os dejo con unas fotos de nuestros hospitalarios amigos del hotel.


Espero que el café, la merienda, las magdalenas o el bocata que os hayáis tomado leyendo esto no se haya hecho tan pesado como posiblemente se ha hecho el post.

Gracias a tod@s los que os habéis podido terminar de leer esta pequeña aventurita.
Tengo muchas de estas pero...

Nos vemos:
Miss A

ANEXO: Dedicatoria del post enterito a mi amiga Lilith, del blog Lilith's Eyes. Gracias, Lilith, por todos tus generosos comentarios y unas palabras de viernes por la noche que ni recordarás pero yo sí. Te dije que te dedicaba el post que estaba escribiendo... era este (es que escribo con mucho adelanto)

(*): Bienvenidos al auténtico paraíso perdido

ANEXO 2: Nueva publicación en Más Mujer Canarias: ""Tres Segundos" y entramos".  Revista online llena de cosas interesantes para tod@s.