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martes, 2 de abril de 2013

La Maison Champs-Élysées. París


L@s que me seguís un poco, ya sabréis que soy una enamorada de lo francés, l@s franceses y todo lo que huela a Francia. 
Por París siento un enamoramiento algo más loco, y con el paso del tiempo y el incremento de mi excentricidad, está empezando a ser algo enfermizo.
Lo curioso es que NY es mi ciudad, pero...

Bueno, vamos a  nuestro país vecino y  su buque insignia: París.

Ya he hablado de Le Matignon, del BON, del té en el Musée d'Orsay. Aún me faltan unas cuantas.

Hoy le toca a un hotel de los que molan que te mueres nada más llegar a la esquina de arriba de la calle:


Y yo no sé si la casualidad o que FB es muy listo, pero este hotel lo encontré en FB, ¡Fíjate tú qué cosas!
Escucho, más bien leo, protestar a mis amigos facebookeros porque les llenan de publicidad externa sus muros... A mi no me molesta nada de nada, otra cosa es la publicidad que recibo de los propios "miembros" de mi Fb que me etiquetan en cientos de cosas diariamente... ¡Qué cara! gente que ni una vez da un like/me gusta en alguna de las simpáticas cosas que suelo poner...

Y eso os digo, no me molesta que los jefes de Fb me pongan publi porque los anuncios que recibo suelen ser: restaurantes, tiendas de moda, centros de belleza, dietas... marcas de lujo, hoteles y, qué curioso, alimentos para animalitos...
Se ve que los colegas de Mark Zuckerberg siguen bien mis pasos...

Y en una de tantas, apareció este hotel en París, miré la web y cumplía varios requisitos de hotel a tener en cuenta: ubicación, diseño, nuevo o recién reformado y fotos cuidadas al límite.


El hotel está en una de las zonas más chic de París, al lado de todo. En pleno corazón del "triángulo de oro".
Entre la rotonda de los Campos Elíseos, la Avd. Montaigne y el Gran Palacio.
Caminas 10 metros y ves el Arco de Triunfo, el Gran Palacio, el Sena, Chanel, Dior, Hermès... entre otras...
Y vecina puerta con puerta, una tiendita de Aston Martin... Mmmmmmmm.


Total, que como ya conté en la entrada del restaurante Le Matignon, agotados como estábamos después de un largo viaje Madrid-París, que el taxista nos dejara en la puerta de este hotel, tras recorrer la belleza iluminada de los Elíseos y demás fue... entrar un poquito en un cielo.

La recepción es blanca y plata, grande, clara, con un toque muy divertido. El "mostrador" de check in está en un triángulo de cristal en el medio de paredes blancas.


A la derecha un estar blanco comodísimo y con piano de cola.

La amabilidad en el lobby es de hacer llorar de emoción. Absolutamente todo lo que necesites, quieras o solicites, lo tienes, al menos de lo que solicitamos nosotros, todo.
Por supuesto, hay wi-fi...

Pero no hay wi-fi sin más... Gran sorpresa cuando llegas a la habitación es que el wi-fi da soporte a unos equipos Apple que hacen que sigas llorando. Ordenador individual en cada habitación, monitor XXL y todo el audio y video imaginable.


Después de disfrutar del lobby, un pasillo banco nos dirige a los ascensores industriales para ir a las habitaciones, todo muy curioso. Sin duda bien merecida mención como uno de los mejores hoteles del planeta por la revista Condé Nast Traveler.


La habitación es blanca, diseño de la Casa Martin Margiella un plus de vanguardia.
Suites pensadas para hacer de nuestra estancia en París un momento de moda, comodidad y confortabilidad.


Las camas, a elegir dos o una King Size, una pasadita, duras pero blandas. Es decir, la rigidez perfecta para descansar y que la espalda se relaje pero con la suavidad de un edredón de plumitas por sábana bajera, vamos, que estar en esa cama era como disfrutar de un nido... como para levantarse pronto...

El tema desayuno... Pues esta vez ni idea...
Nunca bajé a desayunar.
Nos fuimos 5 días a París entre funciones, para descansar de un terrible estrés que me estaba llevando a un estado de ansiedad de nivel 10, así que me planteé hacer absolutamente todo lo que me diera la gana sin horarios ni responsabilidades.
Cuando me levantaba, pedía un zumo de naranja, algún croissant o brioche y leche caliente con cacao, punto.


A favor de este hotel, además del diseño y confort, es que está al lado de todo.
Es un placer salir caminando en días templados de septiembre y pasear por algunas de las calles más bonitas del mundo, descubrir restaurantes, cafés, plazas, disfrutar de bellezas culturales o de moda que cada rincón parisino nos ofrece.

El restaurante La Table du 8, diseño y alta cocina francesa, por lo que ponía en la carta... Tampoco lo disfrutamos... Estuvimos enganchados a Le Matignon y a L'Avenue.
Todo blanco y con la disposición de mesas vestidas de largo.


Y desde el restaurante intuimos el jardín, terraza, impresionante. Perfecto para pasar una tarde de té y charla. Aunque tampoco lo hicimos, mucho que ver por las calles de París :-)
Podría contar mis momentos de paseos parisinos, visitas a tiendas, cafés, recorridos en bicicletas, museos, iglesias... pero, ¿no es eso lo que se supone que hacemos todos cuando vamos de visita a ciudades bonitas?

Quizás en algún post cuente mis aventuras en las tiendas de algunas ciudades a las que voy, así daré pie a que mi queridisim@ anónim@ vuelva a dar rienda suelta a su ironía de tercera hablando de mi talla, de mi gusto por los bolsos (incluyendo Loewe) o incluso de que mi marido me acompañe de compras...
Cualquier ataque personal para dorar sus bajos instintos en lugar de criticar lo criticable: este blog, los post, mi manera de escribir o expresarme...

Poco más desde París y sus brioches.
Sólo un poco de Edith Piaf y una declaración de principios que compartimos las dos.



Bisous bisous
Miss A

ANEXO DE PREMIOS: Gracias a un blog fantástico que recomiendo con amor y pasión porque VA DE BELLEZA... Un montón de consejos y más para estar guapas, el nombre es muy sugerente Estar Guapa es un Buen Plan  No os lo perdáis.

Pues mil gracias por el doble premio BEE y DARDOS, este ya lo tenía Dolce Far Niente, te agradezco de corazón los dos :-)
En nada post con las cositas sobre este nuevo premio BEE (Blogs En Español).

BESOS

martes, 29 de enero de 2013

Bon, Chez Bon. Paris

Esta entrada está escrita hace tiempo ... Pero por unas cosas o por otras (y por tanta ausencia) nunca la publiqué.

Permitidme la broma fácil... 

Sir Sean Conrery es Bond, James Bond

Dentro de nada es 14 de febrero, día del amor, qué mejor que planear una escapada a la ciudad del amor. Este restaurante es un valor seguro.

La realidad es que el restaurante se llama Chez Bon y no está en Londres como 007 sino en París.
Y la realidad más real es que yo lo conocí siendo Chez Bon pero ahora se llama Bon a secas.

Su web es de diseño, como la casa, pero no hace justicia a lo que uno se encuentra cuando llegamos al 25  Rue de la Pomp y vemos el BON.


Otra joya de arquitectura genial y arrogante diseño de mi adorado e inimitable favorito Philippe Starck.
Ya he hablado de algunas cosas suyas que conozco y me alocan: Delano Hotel en Miami y Ramses Life & Food en Madrid

Pues el Bon no va a ser menos... ¡¡Derroche de talento pordios!! 
Y si a esto unimos una cocina francesa exquisita de la muerte y lo aderezamos con famos@s guap@s del mundo de la moda, el Bon se convierte en imprescindible para todo el que quiera disfrutar de la verdadera experiencia francesa: lujo, glamour, arte y belleza, mucha belleza.
C'est la vie!!


No es la discreción la mejor palabra para definir la personalidad de Bon, sin embargo, sí hay mucha discreción en el ambiente a pesar del "famoseo" mundial que se da cita en este club-restaurante.

Esta vez, hace ya unos años, no llegamos al Bon de casualidad. Fue un hallazgo premeditado buscando en guías y demás una frase clave: restaurante de moda en París.

El Bon aparecía con ese nombre y los apellidos de: diseño P. Starck, lujoso, lleno de glamour y ambiente VIP.
Con semejante pedigree ¿quién se lo pierde?.


Pues casi casi nosotros... Hicimos una reserva el día antes y cuando llegó la hora, muy tarde, y después de patear Rue de Faubourg Saint-Honoré y visitar el Louvre, nos apeteció entre cero y nada acicalarnos para ver y ser vistos en semejante Chez.

Total que llamamos para cancelar y reservar otro día y a la amable contestación de: lo siento Monsieur pero el restaurante y club están completos todo el fin de semana... decidimos que había que mover el trasero y subirse a los tacones.

Nos fuimos caminando; el hotel boutique, una monada de las pocas que Melia conserva con gusto, estaba cerca (creíamos).

Nos perdimos... Así que después de jurar en arameo y echar de menos las Converse, nos indicaron que: oh oui oui oui le Chez Bon no estaba muy lejos de allí después de callejear un buen rato...


Es tan, tan... TAN... que te olvidas de todo desde que entras, te sonríen (sé, mis queridas amigas Belén, Cinti y seguro que alguna más, que tenéis vuestros más y menos con los gabachos pero no sé porqué, yo los encuentro educados y encantadores o al menos lo son conmigo) te preguntan que tipo de mesa deseas y te conducen a ella con elegancia sobria. Me fascina su savoir-faire.

La mesa, había poco donde elegir ya, era una especie de gran mesa que compartimos con una preciosísima pareja tan extranjera como nosotros. 

 

En el Bon hay diferentes ambientes, muy habitual en las estructuras de diseño de P. Starck.
Todos con marcadas señas de identidad bien diferentes.
Mesas para compartir, exclusivos apartados reservados, zona de biblioteca, el jardín terraza para fumadores, cristales y transparencias llenas de luz o esquinas llenas de sombras y lámparas a medio gas.

Todo con una cuidada precisión para jamás caer en el peligroso horterismo del "quiero y no puedo".
Tanto Philippe Starck como el Bon quieren y pueden.

No hay manteles, algo de agradecer en ciertos sitios donde el suelo y los tacones de las damas son dignos de ser admirados, la cristalería es simple, la cubertería minimalista y los platos cada uno de su padre y de su madre ¡Y olé! 


¡Claro! Hay que pedir champagne... Lo demás sería atentar contra un posible momento de vanidad absoluta.
Hay vinos deliciosamente caros con los que quedar de cine con el sumiller, pero en mi caso no me gustan ni caros ni baratos así que, burbujitas para acompañar la estancia allí rodeados de gente muy alta y muy guapa.
Cenar con la pasarela de París alrededor es un plus, para todo, incluida la humildad...

 

Antes he dicho que la cocina es exquisita... A ver, lo imagino porque no lo recuerdo...
No por nada, sólo porque yo no tengo ni idea de cocina, no soy gourmet ni sabia experta culinaria y mucho menos soy gastroblogger.

A mi con que me den un buen foie gras (que casi casi apuesto y no pierdo que lo pedimos de entrada) con alguna confitura que a mi  paladar le parezca exquisita y pan de nueces y pasas para "untar", ya me tienen ganada.
Imagino sobre la mesa alguna ensalada con queso de cabra y algún otro ingrediente sorpresivo.  Seguramente mi segundo consistiría en algo de pato, me encanta el pato (si lo pienso... no)
Así que ya sabéis, a l@s que os digo que os quiero "un egg de pato" es que os quiero mucho y si añado "de pato chino" es que os quiero una barbaridad. 


El año pasado 2011, septiembre, reservamos en el Bon, en el Club, peeeero, como descubrimos Le Matignon a cinco minutos caminando de nuestro hotel y nos gustó tanto, no fuimos, excusa perfecta para volver a París y darnos el capricho en el Bon de nuevo, claro que el año pasado también descubrimos otra joya gastronómica con un plus maravilloso: Rafael Nadal. Será objeto de otro post.
Ainsss ¡Tanto para disfrutar y degustar en París de día y de noche que no hay horas!


Pues eso es, París me gusta. Pero no me gusta desde siempre. Es curioso.

La primera vez que fui a París odie la ciudad, no le veía ninguna gracia a avenidas gigantescas, no encontré el glamour por ningún lado y eso, querid@s mí@s, que nos alojamos en uno de los hoteles con más solera, encanto y rancio abolengo no sólo de Europa sino quizás del mundo (dejando fuera el hotel más caro del mundo que conozco y jamás entraría en disputa por rancio abolengo... Burj Al-Arab en Dubai) con lobby y salones de películas famosas y habitación con vistas a la Tour Eiffel, el Gran Hotel de París (curiosamente lejos de ser para mi un Dolce Far Niente).
Mi querida Aran, esto te lo dedico con amor: hubo un tiempo en el que no me gustó París...

Qué importante es no sólo donde uno habite sino como lo habite. El estado de ánimo hace un gusto. Y desde hace unos años París es una de mis ciudades de estado de ánimo 10.


También es verdad que París bien vale una misa y una buena Visa.
Miss A

martes, 2 de octubre de 2012

Té en el Muése d'Orsay. París


Esta entrada es una de las que no sé bien como etiquetar, debería llevar el nombre de "Un placer que han convertido en Top Ten del Museo de los Horrores"
Y no me refiero al Musée d'Orsay que sigue siendo, junto al MoMa de NYC, el Museo Sorolla de Madrid, Museo Van Gogh de Amsterdam y algún otro que recordaré en cuanto lo visite, un imprescindible para mi retina. Me refiero al salón de té del Museo y al servicio de té y/o meriendas que ofrecen.

Como cualquier imagen que se pueda ofrecer del actual salón es un crimen contra el buen gusto voy a ilustrar este pequeño post con algunos de mis cuadros favoritos de este museo.

Nacimiento de Venus. Alexander Cavanel

En las primeras veces de mi visita a la ciudad del amor, siempre había una tarde para recorrer alguna de las galerías de este Museo impresionista. El edificio, una antigua estación de tren, es una pequeña joya rehabilitada con gusto y mimo por dentro. La amplitud del espacio y la luz natural son un regalo en el paseo y un contraste con algunas galerías más pequeñitas cubiertas de joyas oscuras o llenas de gemas de colores.

La zona de los muebles Déco me encanta.
Y me pierdo entre Degas, Van Gogh, Gaugin, Toulouse-Lautrec, Monet, Manet, Rodín... Impresionismo, mi época favorita (y en la cual hubiera deseado nacer, en el seno de una familia adinerada huelga decir)
Pero la perla del Museo, entre galería y galería, era y digo bien ERA, tomar un té en el salón de té o meriendas.

La habitación rococo hasta hartar, ventanas enormes, luz, madera, angelitos, pan de oro, lámparas de araña, exceso... Todo ñoño y rancio hoy pero alegre y colorista como mandan los cánones del glamour del año 1900...


Esta es la única foto que me permito poner del salón. 
A juego con paredes y exageración, el té se servía en teteras de plata, tazas de porcelana perfecta,  mesas, poquitas, de mármol o madera según el tamaño y sentados los comensales en sillones "orejeros" tapizados de piel vieja, chenillas de sedas y terciopelo de colores... Unas enormes mesas vestidas con manteles de hilo presentaban pastelitos, tartas, deliciosas brioches (son mi debilidad), todo tipo de bollitos llenos de mantequilla, panes, bandejas de plata con mil clases de queso francés, fiambres, fruta, zumos... 

Pedías el té (siempre Earl Grey, por favor) chocolate, café o bebida apetecida y te levantabas a coger menú sencillo (algo dulce) o completo (dulde, salado y frutas) 

Autoretrato. Vincent Van Gogh

El ratito del té en el Musée d'Orsay me hacía trasladarme por unos momentos a la época de esplendor bohemio de París. Me montaba yo mis pelis en Cabarets y en la Ópera, nunca estaré más cerca de las atenciones que debían recibir, en francés, las damitas de la época, algo frescas y con abanicos de plumas para ocultar la desvergüenza... 

En fin, todo eso ya pasó, como la propia Belle Époque, porque el actual salón de té del Musée d'Orsay se ha convertido en un bar de estación al uso o peor incluso: el comedor de una fábrica, de un colegio mayor o un fast food de barrio. ¡Aaaahhhh!

La crisis ha llegado a uno de los museos con más encanto de Europa. Crisis y encanto no casan bien.

La siesta. Vincent Van Gogh

¡Qué tristeza sentí cuando fui la última vez, septiembre de 2011!
Primero porque el museo estaba en obras y muchas alas estaban cerradas (eso se disculpa porque es en beneficio del arte, alimento para el espíritu). Pero cuando entré en el salón y vi lo que vi, la tristeza se duplicó en rabia y un poco de "asquito", con perdón.

Las mesas y sillones sustituidos por mesas y sillas de plástico y metal como las de las cafeterías cutres. El té servido en teteras de andar por casa. Servilletas de papel y ¡horror! ¡¡platos de plástico!!
Los camareros ni saludaban, tomaban nota, no podías salirte de los menús establecidos, con una frialdad digna de cualquier establecimiento sin gracia de cualquier país sin Tour Eiffel ni Sena :-(
Sandwiches envueltos en plástico, como los de ciertas maquinas de hospital, fríos. Brioches y croissants industriales y zumos de naranja de "bote".

Noche Estrellada. Vincent Van Gogh

¡Ay si el Maestro Van Gogh levantara la cabeza y viera su obra mancillada por semejante baño de "socialización"!
Él vivió pobre y murió loco pero nos dejó un legado de riqueza cultural para que nuestra alma y sentidos enloquecieran con la belleza de sus colores. Eso se debe aderezar con la exquisitez de la plata y el buen trato. Disfrutar del azul Van Gogh y tomarse luego un zumo de naranja de mentira congela el sentido del gusto.

Por no hablar del estado de los "aseos"... No, mejor no hablo del estado de los aseos.

Una pena.

Bailarinas de la Ópera. Edgar Degas

Seguiré disfrutando por dentro y fuera de la belleza del Musée d'Orsay pero no volveré a acercarme por el Musée des Horreurs.

Y siento vergüenza, he recomendado este salón de té a amigos y conocidos que viajaban a París como uno de los secretos a descubrir. Estarán pensando que mi gusto se ha torcido o peor aún, los que no me conozcan demasiado pensarán que eso es guay... ¡Ay Dios!

Bisous bisous. Chocolate et brioche.
Miss A

martes, 11 de septiembre de 2012

Restaurante Le Matignon. París

Oh la la... Tengo que empezar con mi frase favorita del mundo mundial francés... Mmmm
Lou Lou?
Oui, c'est moi
:-)

Septiembre es mi mes favorito así que, este mes algunos de mis sitios favoritos.
Ya os hablé de un espacio maravilloso en Madrid, Vintage by López-Linares.
Hoy toca hablar de un descubrimiento très chic en París... 

¡¡¡Adoro el idioma francés, a l@s frances@s, Francia, París y las brioches!!!
Y después de esta exaltación de la amistad, paso a hablar de un restaurante que si tuviera que calificar con un sólo adjetivo sería: Hedonismo.

Así es Le Matignon, puro hedonismo

Día
Noche

Y aunque suene ya a topicazo en este blog, este restaurante fue una divina casualidad en nuestro último viaje a París, septiembre del 2011.

Llegada a París desde Madrid con un vuelo bastante largo, aburrido y dolor de oídos, depre por problemas de algunas personas de "3 Deseos".
Suerte que el hotel, objeto de otro post y también una casualidad, estaba en una de las zonas más bellas y, por qué no decirlo, más lujosas de París, con un concesionario de Aston Martin por vecino, trasera de Chanel, al lado de Champes Élysées... (ya hablaremos de todo esto en el correspondiente post)

Total, que llegamos al hotel y sin cambiarnos, salimos a dar un paseo y despejarnos... ¡Oh sorpresa! Calle maravillosa y a pocos metros una terraza llena de gente, con un puñado de Aston Martin, Ferrari, Lamborghini... y sus oportunos dueños...¡Qué cosas pasan en París!


Oh Oh.. antojo de entrar en el restaurante, claro... pero... vestidos no sólo de andar por casa sino peor incluso... de viaje... Sin embargo, era tan atrayente todo...
Pasamos por un pasillo desde la terraza hasta el lobby, decoración de Vogue, velas, olor rico... Nos sentaron en una mesa entre indoor/outdoor divina de la muerte (y nosotros vestidos de "juanpajones" turistas..) y allí comenzamos a observar.


En la terraza había parejas ellas de 25 divinas "a lo francés" y ellos de unos 60. Por supuesto eran los dueños de los Aston Martin.
Grupos de gente muy joven, muy pija pero sin parecerlo, es decir, sabiendo llevar un millón de euros (*) en ropa y complementos y no importar. 
Claro que me da que estas cosas se maman y muchos mamamos mucha tontería. Por supuesto hay  excepciones, yo conozco algunas.
Sin hablar de los que desearían ser pijos pero no pueden.

En fin...
Observamos como pedir una docena de ostras (sigo dando gracias a Dios y a San Givenchy porque no me gusten) una botella de Don Perignon y un par de platillos más con una amabilidad, un tono, una sonrisa y un "quéséyo" que estuve por darle las gracias a la parejita de nuestro lado que ordenaba su cena por la belleza en el trato. Y ni que decir tiene que el camarero que tomó la comanda respondió exactamente en los mismos términos. 

Detalles de decoración

En minuto y medio, a pesar de ir vestidos de dar pena, nos hicieron sentir como en casa. Tomar nota de la comanda como Dios y los cánones del buen servicio mandan: preguntar por un aperitivo, ofrecerte los vinos, traerte agua y el aperitivo pedido y tomar nota de los platos seleccionados, todo ello regado con una sonrisa, amabilidad sin resultar pedantes y ayuda con la traducción y explicación de la carta. 
¡Y en francés! (bueno inglés con acento francés)

No recuerdo qué pedimos, da igual, la comida era deliciosa, presentación perfecta y con el tiempo adecuado entre plato y plato. Sólo recuerdo un foie exquisito y que con mi segundo me trajeron un puré de patatas estilo "Mushed potatoes"delicioso que me trasladó a New York... Mmmm New York In París...OMG!! (como es mi blog, me permito ciertas expresiones que pueden parecer absurdas, lo admito, lo son, me da igual)

Karl Lagerfeld Presente en la zona del club que tiene el restaurante
Club

Total que esta primera noche dio para mucha observación de la decoración y ambiente del restaurante. Exquisito en todos los sentidos.
Luego nos informamos y resultó ser uno de los "sitios" de moda del verano pasado en París. 

Desde luego no le faltaba detalle para serlo y si a todo esto unimos servicio de la mañana a la noche ininterrumpido, cocktails algo pecaminosos, las mejores marcas de Champagne, chicos y chicas del mundo de la moda y la publicidad y mucho señor y señora madur@s con dinero... los fuegos artificiales estaban en su punto...
Por otra parte, dato importante a destacar, a pesar de estar en el corazón de París y ser un local francés, seguía horario español... cocina abierta hasta las 12 de la noche... importante si vais a París, ¡¡en Matignon se puede cenar a horarios normales!!


Huelga decir que a los dos días volvimos a este restaurante ya vestidos de manera apropiada... o al menos con ropita y complementos que nos hacían sentirnos un poco menos distantes de l@s fashion victim que allí se dan cita. Huelga decir también que esta segunda vez, al no ir con dolor de oídos ni depre, el champagne helado voló con el primer plato... lo cual impidió que me enterara de lo que pasaba a mi alrededor y propició un peligroso viaje al baño... ¿por qué se empeñan en poner escaleras? ¿no se dan cuenta de que es anti tacón y faldas cortas?
Por supuesto no olvides un buen bolso, zapatitos imposibles y tu lápiz de labios preferido cuando vayas a este restaurante, te sentirás gorgeous!! 

Sin ninguna duda este restaurante es de visita obliga una noche al menos en la ciudad de la luz, como la Torre Eiffel, el Arco de Triunfo, caminar por Champas Élysées, visitar las Tullerías,  El Musée d'Orsay (sin ir al salón de té... será objeto de otro post) La Maison Chanel, un té en el Ritz, ver la Ópera y tomar unas crêpe en el Café de La Paix... Le Matignon hace honor a la elegancia y exquisitez francesa.

Aran ¿ves por qué este post va dedicado a ti? No me digas que no es una necesidad imperiosa para sentirnos aún más divinas de lo que somos... 

Merveilleux!
Miss A

PS: (*) el millón de euros es una licencia que me permito para adornar un poco el ambiente ya que estamos en París, no creo que llevaran 1 millón de euros en ropita y complementos, pongamos que sólo unos 200.000 euros, el resto se los repartían entre el coche y la gasolina del coche.